Sólo la puntita

Ante el vicio de pedir está la virtud de no dar, pero a veces hay que dar o te darán

La cara de Pedro Sánchez era un poema. Celebraba un triunfo electoral incontestable tras vagar por el desierto manchego en su propio coche (que al parecer ya vendió) y los que habían ido a apoyarle clamaron que "¡con Rivera no!". La cosa tuvo su gracia, al principio al menos. Menos para él. Estamos en época de pactos, amigos: los tahúres y faroleros haciendo su agosto en junio, peleando un cargo, un puesto, una presidencia o una alcaldía a cara de perro de la misma ralea. Todos lo dicen hacer por la búsqueda del bienestar de los ciudadanos, por sus votantes, por la libertad, la igualdad y la fraternidad de género, o ¡por España!. Traduzcamos al "politiqués" (hats off to Antonio Burgos) toda esta faramalla de absurdeces: queremos sillón, pasta, poder.

Con Rivera parece que no quiere juntarse nadie en el recreo ni en ningún otro lado: sigue siendo el repelente niño Vicente de la política española. ¿Hábil negociador o chaquetero? Pactó con el PSOE de Susana Díaz o con "el primer" Pedro Sánchez y ahora es primo hermano del PP y reniega de Vox, pese a que en la sombra ponme cremita, que luego te la pongo yo. Do ut das (cremita).

A veces esto va de susto o muerte, de pactar lo malo o lo peor. Que se lo digan a Sánchez. Con Podemos en estado de descomposición y necesitado de los cuidados de un ejército de salus (dadas de alta, espero), el líder socialista está en posición de fuerza pero debe cuidar de que no le vuelen los mandos en plazas menores con los pactos del centro y derecha. Ante el vicio de pedir está la virtud de no dar, pero a veces hay que dar o te darán. No sé si me explico.

Vox es el extravagante primo lejano que viene de vacaciones y acaba quedándose a vivir en tu adosado con piscina. Capaces de sacar de sus casillas a Manuel Valls o al podemita más paciente, platean un discurso a veces difícil de digerir y luego se ofenden cuando los tildan de extrema derecha. ¿Y tú me lo preguntas? Otro día hablaré de los de Santiago Abascal (lo prometo cruzando los dedos). Ahora que se rifan alcaldías (dame cariño y te regalo Puerto Real), diputaciones provinciales y gobiernos autonómicos, advertimos la increíble panoplia de mentirijillas con que son capaces de autoconvencerse nuestros politicastros: Pedro no necesita a Pablo pero le vendría bien. Pablo quiere cargo, el que sea, para tapar su fracaso. Albert cruzaría el cordón sanitario por no pactar con Santiago evitando que los liberales europeos le aplaudan la cara y Santiago es alérgico a rojos, comunistas y catalanes, con lo que sólo queda Pablo Ioannes Carolus Rex, que ignoro si es más de Teodoro que de Ayuso.

En fin, que en realidad, a todos les interesaría un acuerdo de colaboración o cooperación o copulación, o lo que sea, con Rivera. Pero es tan repelentillo, ¿verdad? Bueno, vale, venga, con Rivera a lo mejor. Pero sólo la puntita, ¿eh?

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios