Mantener limpia una ciudad muchas veces no es sólo responsabilidad de la empresa encargada de la recogida de basuras o de los barrenderos, sino también de sus habitantes. Mucho se ha hablado de la mala imagen que ofrece El Puerto desde hace años en materia de limpieza, y es cierto que la ciudad no está limpia, pero ¿de quién es la culpa?.Ayer mismo, sin ir más lejos, caminaba hacia mi casa y dos chavales de unos 14 años venían por la misma acera. Uno de ellos, que estaba bebiendo un refresco, ni corto ni perezoso tiró la lata al suelo delante de mis narices, como si fuera lo más normal del mundo y sin ningún tipo de remordimiento. ¿Es que ese adolescente no sabe que existen las papeleras?, ¿es que nadie en su familia le ha enseñado que las cosas no se tiran al suelo?, ¿quizás lo hace también en su casa?, ¿es que tampoco en el colegio nadie le ha hecho ver la importancia de no ensuciar gratuitamente?.Ahora el Ayuntamiento tiene en marcha una campaña de concienciación ciudadana, titulada ‘Contigo El Puerto brilla’. Entre otras cosas se alecciona sobre los horarios para sacar la basura a los contenedores y sobre la importancia de recoger las cacas de los perros, e incluso se han entregado miles de kits con bolsitas y botellas para detergente.Aunque siempre hay tiempo para la concienciación, creo sinceramente que a estas alturas quien no sepa ya que no debe dejar a su perro defecar en la calle es que no tiene remedio. Visto lo visto la única vía ya posible es la de la sanción, que eso sí que le duele a todo el mundo.Recuerdo hace unos años, siendo concejal de Policía Local Carlos Montero, cómo logró acabar con la peligrosa práctica de los motoristas de circular sin casco, y lo hizo a base de sanciones. Puede que a tí no te multen, porque evidentemente no hay un policía detrás de cada ciudadano, pero si multan a tu hermano, a tu primo o a tu amigo, seguramente tú te andarás con cuidado para no ser tú el siguiente.Sinceramente no sé a qué espera el Ayuntamiento para endurecer su política sancionadora en los casos de incivismo flagrante. Todos saldríamos ganando, a excepción de los incívicos.

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