Análisis

María González Forte

Sempre libera

Desde los primeros compases del Sempre libera de la ópera La traviata, solo había que dejarse llevar. La ópera se emitía desde Londres. Los espectadores del cine, comenzamos a embelesarnos ante esas sociedades en las que fluye el lujo, la abundancia, las diversiones excesivas y, cómo no, los amores prohibidos… Luego, cuando Verdi ya casi ha convencido, nos alerta. ¡Cuidado público! Qué no todo es así, pura apariencia. Que los excesos en mis obras, siempre, acaban pagando consecuencias. Y recurre a mostrarnos la cara real de esas sociedades.

Apenas amaneció hoy, en mi casa como en tantas otras, oímos las noticias y, por desgracia, eran alarmantes. Nos hacen pensar en la cantidad de países, lugares y situaciones en donde la libertad sigue siendo ignorada o vista como una terrible amenaza. La radio informaba sobre la detención de unos periodistas en Venezuela. Las personas temblamos cuando sus dirigentes consideran un peligro la información de unos periodistas y pernicioso el derecho a la información. Ojalá que muy pronto nos comuniquen que quedan libres e ilesos. Que la paz y la tranquilidad regresan a sus calles.

Conocí hace mucho a una señora venezolana que trabajó en España cuidando ancianos. Toda su ilusión era acabar de arreglar su casa en Caracas para poder, una vez jubilada, regresar a su país. Llegado ese momento, la hija le aconsejó que no lo hiciera. La señora estaba desconcertada. En España podía disponer de los médicos y medicinas que necesitaba. Allí no. Qué triste envejecer alejada de los suyos, de su hija, a la que llevaba años sin ver.

Los periodistas serios exponen demasiadas veces sus vidas para informar. Para comunicarnos la vida real de los lugares carentes de libertad. Nos estremecen esos gobernantes que, conociendo los derechos humanos, los ignoren y continúen aferrados al poder culpando a otros de sus propios excesos.

No hay más necio que el que no quiere ver. Aquel que se empeña en no mirar la realidad. El soberbio que juega a ser imprescindibles con el entendimiento repleto de realidades aparentes. Y mientras, lo real: demasiados deseando regresar a sus lugares de origen, sin tener expectativas de poderlo conseguir.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios