Puertas abiertas Cómo visitar la Base de Rota, el Instituto Hidrográfico y el Observatorio

En pocos días se han sucedido los fallecimientos de la estrella frustrada del Mundial 82, Maradona, y de quien terminó ocupando su trono, el italiano Paolo Rossi, que llevó en volandas a su selección tras un desastre en la primera fase gallega y crecerse en los duelos ante argentinos y brasileños. Lo demás, ante Polonia y la entonces RFA en la final, vendría rodado. El guardameta cuarentón (una excentricidad por edad, entonces) Dino Zoff alzó el trofeo ganado en parte por el voluntarioso Rossi de manos de don Juan Carlos. El Rey calmaba en el palco al octogenario presidente Sandro Pertini por sus efusividades ante cada gol de sus compatriotas, que de arrastrarse por el césped ante Camerún terminaron volando sobre Rumenigge, el káiser.

Cualquiera de estos recuerdos aparecen de sopetón para los espectadores que siguieron el Mundial de Naranjito, aquella competición en la que parecía sencillo para la selección española hacer un buen papel, incluso ganar. La afición aprendió desde entonces a sobrellevar con paciencia las grandes citas futbolísticas, para un éxito que terminó siendo cuestión de tiempo. Los adolescentes y niños que sufrimos con Arconada, Juanito y Gordillo mirábamos con envidia a Zoff y a un goleador como Rossi, cuando apenas meses antes era un apestado por las apuestas amañadas.

Rossi cumplía sueños imposibles para otros. Todo queda ahora lejano, como aquellas retransmisiones del caluroso 82, cuando TVE montaba una parrilla escueta que parecía sobrepasada por el fútbol. A ojos de hoy aquella cobertura que se antojaba de empacho no pasaría de aperitivo en cualquier plataforma. Lo que hubiera dado de sí un formato como El chiringuito de Jugones para analizar el fracaso de aquella selección dirigida por Santamaría junto a las frustraciones argentinas. TVE se centró tanto en el Mundial 82 que la programación de entonces es un hoyo de calidad respecto a lo que se hacía habitualmente . Y al final todo se redujo a unos días, los de la redención del ahora difunto Paolo, el del Lanerossi Vicenza.

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