Análisis

francisco andrés gallardo

Rosa Mª Mateo

Peor que en el lapsus de "Televisión Espantosa", la defensa de Rosa María Mateo de los pobres datos de los Telediarios no puede justificarse porque Pasapalabra retarda, como ya sucedía en Telecinco, su final para enlazar con el informativo y atrapar al público. Si un concurso es un acierto y aporta al noticiario es porque ese siguiente programa interesa a la audiencia y le concede su confianza. Hay que centrarse en cada casa y no culpar a los demás. Y además en estos días tan terribles en los que la oleada se ha desatado, barruntando semanas peores, alguno se pone a dar palmas porque sube en cuota de audiencia. La preocupación que se vive en los hogares no es para festejar el aumento de angustiados ciudadanos. Habría que tener más humildad en los análisis. La imparcialidad y la profesionalidad cada día del año es lo que hace viva la fidelidad de la gente.

En TVE, por muchos golpes de pecho de pureza que se dé Rosa María Mateo, se hacen informativos de tono tedioso, de piezas tan pulcras que rozan la indiferencia, y en ritmo y estilo van años por detrás de los de las privadas. Aunque la administradora presuma de independencia, no la tiene. Ni siquiera su comandante Enric Hernández, que se está inflando de promocionar y dar encargos a los amigos. La tendencia sólo ha cambiado de bando y el público se olvida de La 1, que suena y parece antigua. Y además es antigua. Estrenos como La Primera Pregunta nos hacen viajar a la Segunda Cadena de los 90, pero en versión cursi.

Si los espectadores españoles han dejado de ver los Telediarios no es culpa de Sálvame, ni por las estrategias ante los audímetros que hacen las privadas. Desde hace diez años TVE fragmenta el Telediario para que no cuente la audiencia de los primeros minutos y se decidió simultanear con el 24 Horas para fabricar un liderazgo de cartón. El PP no fue honesto en Torrespaña, pero los de ahora no le van a la zaga. Y al contribuyente, tal vez usted, no le apetece sintonizar esta cadena pública. Y menos si por allí va a asomarse ahora Jesús Cintora.

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