Las veo por las mañanas, antes de que pegue el sol, empujando sillas de ancianos –las menos- y carritos de bebé –casi todas-, o guiando a pie a una ristra de niños en bicicleta. Podrían ser sus hijos, pero sé que no. Ellas, casi todas, son morenas, no muy altas, pelo lacio. Algunas van uniformadas. La mayoría solo estará aquí durante las vacaciones, y luego regresarán, no a su casa, sino al lugar donde regrese la familia para la que trabajan.

Si es domingo, más o menos a la misma hora, las veo agrupadas en las paradas del autobús. Charlando entre ellas, sin uniforme. Día libre.

Si han visto Roma, de Alfonso Cuarón –y si no, también, aunque no tengan la referencia en blanco y negro-, entenderán que me quede a medias, que quiera saber más. ¿Dónde van? ¿Qué hacen con sus horas? ¿Cómo se llaman? ¿Y sus familias? ¿Las que charlan tan vivamente eran amigas antes de coincidir aquí, o se han buscado a falta de otra compañía? ¿Estarán contentas en sus trabajos? En estos tiempos de destape del racismo, del clasismo, de la xenofobia, ¿serán apacibles sus paseos? ¿Tendrán que escuchar –mientras acompañan a los niños en la playa, mientras preparan el aperitivo para una reunión de amigos, mientras van en el bus hacia sus horas de ocio- comentarios hirientes sin más opción que el silencio?

De repente salgo de la película, olvido la mirada humana y tomo una perspectiva sociológica. Hace solo unos años, ver por El Puerto a una interna con bata de servicio resultaba casi exótico. Hoy es habitual. Que tantas familias –de aquí o veraneantes- puedan permitirse esta ayuda en casa solo puede responder a dos razones: o bien han mejorado sus condiciones económicas en los últimos años, en pleno azote de la crisis, o bien –y espero que no sea esto- la necesidad ha obligado a quienes son contratadas a reducir sus salarios y empeorar sus condiciones, haciendo su servicio asequible a familias que antes no se lo podían costear. En cualquiera de los dos casos, demuestra una tendencia a la desigualdad que es ya tan innegable que hasta los líderes del G7 debaten estos días cómo afrontarla. Ojalá estén inspirados.

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