La atmósfera adversa es una imagen recurrente en las distopías. Todo buen escenario futurista va de la mano de un ambiente irrespirable, donde las escafandras, las máscaras propias de trincheras, las nubes sulfurosas, resultan un recurso común. Son escenas que casan con lo distópico porque no de otra cosa suelen hablarnos este tipo de historias: lo invisible que nos oprime, la trampa de la que hemos de salir, el medio al que vencer. Por si aún no nos habíamos enterado, la evidencia de que vivimos una realidad irrespirable ha venido a nosotros: aquí estamos todos, luciendo mascarillas. Como símbolo, vienen que ni pintadas para segundos significados: desde la cultura de la cancelación a ese 'I can´t breathe' de las protestas en EE.UU. Más allá de juegos de relación, la rutina de las mascarillas nos avisa de que ya hemos cruzado a zona peligrosa: toparse con un virus producto de nuestra irresponsabilidad es un aviso en la puerta.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios