Análisis

Manolo Fossati

Reinas

Otra cosa es que todo eso signifique algo para una comunidad de casi cien mil habitantes o que merezca la pena invertir tiempo, ganas y dinero de todos en elegir a una persona del sexo femenino

Dicen que con el paso de los años uno va teniendo cada vez las cosas más claras, pero no es verdad. Puede que el que se crea en posesión de la razón desde joven sea un acérrimo defensor de lo suyo al llegar a la jubilación, pero uno siempre ha sido un endeble adalid de sus convicciones, como un castillo permanentemente asaltado, y muchas veces ganado, por las dudas. Así que ahora andamos con las almenas destrozadas y los saeteros como pasto de hierbas salvajes.

Viene este medieval preludio a cuento de la reciente 'elección' de la Salinera Mayor de las Fiestas del Carmen y de la Sal, título comparable a esos interminables de la nobleza de más rancio abolengo, dicho sea lo de rancio en el sentido de antiguo pero quién sabe si también en el del olor que deja su tiempo ya pasado. Y traducido resulta que no sé ya qué pensar de este tipo de actos consistentes en designar a una muchacha para representar no sé si a todas las del pueblo o a las de su edad, y en ser aclamada como reina por unos días, en los que debe mostrar una cara alegre.

Y como soy así me da por preguntarme qué haría, qué pensaría, qué juzgaría, qué evaluaría si yo mismo (no lo permita Baco) fuera miembro del jurado. Si debiera designar a una candidata para portar la corona, el cetro o la banda ¿tendría en cuenta su belleza exterior o la interior, esa que dicen que vale más? ¿sería capaz de pensar preguntas tipo 'trivial' para deducir si está o no "en el mundo", o más bien calibraría la amplitud y sinceridad de su sonrisa, la naturalidad de sus movimientos, el porte elegante, la desenvoltura más que la discreción? Lo más probable es que me preguntara quién diantres soy yo para evaluar nada de eso y, lo más importante, ¿qué debo tener en cuenta y sobre todo para qué?

Es decir, que tal vez sea natural (o no) que una joven sienta ilusión por verse agasajada y distinguida en su comunidad sin preguntarse por qué, y que sus familias compartan su alegría juvenil de unos días. A fin de cuentas, la fiesta es eso. Otra cosa es que todo eso signifique algo para una comunidad de casi cien mil habitantes o que merezca la pena invertir tiempo, ganas y dinero de todos en elegir a una persona del sexo femenino, siempre, para someterla por su propia voluntad a un juicio sobre no se sabe qué.

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