Análisis

María González Forte María González Forte

Reflexiones

Me quedo dormida en el tren viniendo de Madrid a El Puerto. Una película está en el vagón y en un intento de espabilarme, apenas puestos los auriculares, un monstruo de la pantalla le dice a un niño unas palabras sorprendentes para provenir de tal monstruo:

-Tu fe es valiosa. Debes tener cuidado en dónde la pones.

Confieso que he regresado de la capital demasiado pronto porque ensayo con mis alumnos La Pasión. El taxi me deja en el centro y con la ayuda de un gran compañero, este año también se representará en mi colegio.

No es cuestión de actuar, sino de conocer y tratar de interiorizar en la vida de Jesús, de fijar anclas que conserven los alumnos el resto de sus vidas.

Como el monstruo, -tal vez, yo sea un monstruo y no lo sepa del todo- siento que la fe es demasiado valiosa y si no la ponemos en el lugar adecuado su lugar será ocupado por otros ideales y otras expectativas. Pero la fe cristiana no debe considerarse monopolizadora o exclusiva de la verdad. La intención es que no sea arrancada cuando nuestros niños lleguen a adultos, ni sustituida o manipulada sino que manteniéndose, pueda coexistir con otras verdades que vayan descubriendo en el discurrir de sus vidas. Que esas otras expectativas que sueñen y descubran los más jóvenes, se apoyen sobre el colchón de la fe.

Pecaríamos de arrogantes e intransigentes si la enseñamos como un trompo, girando sobre sí misma y siempre en el suelo. Si no les preparamos a convivir y a respetar otras formas de creencias en las que no se disipe o se pierda nuestra propia identidad y nuestros propios valores aprendidos.

Guste o no, en el mundo actual y futuro el factor multicultural está y estará presente. Para poder trabajar en este mundo plural tendrán que relacionarse, sobre todo por motivos laborales, con otras culturas y tener muy asumido que la libertad religiosa de estas otras culturas es un valor a defender. Pero eso nunca jamás habrá de suponer renunciar a nuestra propia fe, al derecho de aprender y a defender nuestras propias creencias cristianas.

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