Educación Un gaditano consigue la devolución del dinero de un máster contratado que no cumplía las expectativas

En múltiples ocasiones me ha gustado de ver El Puerto como algo más que una ciudad de veraneo, o por decirlo de otra forma como una ciudad donde el veraneo es mas extenso, lo cual sería un error. Llamarla ciudad de turismo de invierno, con lo bonancible de nuestro clima es otro error, a no ser que esquiemos por las montañas de blanca superficie del atún en manteca. Resulta por ello complicado una definición, sobre todo en tiempos en donde los poderes facticos amantes de la reeducación, tratan de menospreciar el turismo anárquico y divertido, prefiriendo el turismo aborregado al mas puro estilo de la china roja. Y por eso es complicado, porque durante muchos años hemos vendido nuestras banderas, nuestra fina arena, el sol justiciero y las olas del mar. Llegado los inviernos, mirábamos hacia nuestros escasos espacios culturales, vendiendo una ciudad gastronómica… Por fin, de una vez se comienza a esa apuesta por un mar de invierno, de otoño y de primavera, por vender esa copa apacible oliendo los mas o menos alejados pinos que en la dormida ya empiezan a saber a esa humedad confortable que te obliga a acercarte a quien tengas al lado. Por fin, la cercanía del chiringuito no nos obligará a observar el sucio esqueleto vacío que anuncia el verano, sino que, tras hundir las botas en la orilla, dejándonos acariciar por el sol de las doce de la mañana, tendremos donde sentarnos a degustar esa cerveza de invierno que nos trae buenos recuerdos. Por fin, llegada la Semana Santa, mientras cogemos el primer moreno, no tendremos que coger el coche para buscar un sitio donde comer. El Puerto, una ciudad acogedora los 365 días del año, malvendida y castigada por la publicidad de quienes solo sacan fotos de la mierda y los desconchones. El Puerto una ciudad que vive de espaldas a su río, que se mea en su mar y se olvida de su Sierra, pequeña, pero Sierra. Pero, quién sabe que deparará el destino a una idea que me parece buena, porque de seguro que lo primero que dirán algunos es que se debería de preocupar más de los baches que de las playas; que es una vergüenza que con la mierda que tiene la ciudad se preocupen ahora de los chiringuitos; y algunos, los mas devotos feligreses del campo y la industria, de seguro que pensarán que hay dinero detrás, porque siempre son los mismos cuatro los que montan las cosas para enriquecerse. Aunque, digan lo que digan, y aun sin ser los negocios del siglo, es cierto que esta ciudad se merece playas anuales, playas con vida, rincones donde tomar un café mientras la lluvia hace el amor con las olas; donde la sal se nos metas por los tuétanos hasta darnos algo de vida, que la única verdad es que aquí, aunque nos pese, hay mucho amargado de sosa laxitud.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios