Puente de Ureña

Escalas de valores, escalas internas

A veces, el miedo es una superficie interior que baja hasta donde el alma se disuelve sobre sí misma y el hombre pierde su poder abstractivo o lo gana. Me explico. Antes de ser funcionario emérito de Educación, fui destinado al Cementerio. Allí vi cadáveres, olí cadaverina, vi los colores espectrales que va ganando el cuerpo hasta llegar a esqueleto. Lo que me aterraba al principio, esa disolución final del ser, poco más tarde, era algo habitual en tu hábitat de trabajo. Ese horror destructivo se pierde con las guerras. Los muertos son pasillos de cuerpos que se asimilan como las cacas de los perros, las calles rotas, las sirenas sonando. El hombre es una costumbre en sí mismo. Quiere costumbres y no cambios. Quiere acostumbrarse a las costumbres de los demás. Sí no, se produce la depresión. El horror vacui. La pérdida de referentes.

Bombardear la mente del ser humano con cientos y cientos de malas noticias, de preocupaciones y de carencias de diversos calibres, nos hace carne de ansiolítico, insomnios, astenias, abandono… detritus del que fuimos. El cuerpo que es una máquina maravillosa de vida se convierte en un pozo con interior abstracto. Miriadas de sensaciones, somas profundos, lágrimas secas, radar de suplicios, derrumbaderos de móviles y pantallas, donde crece la soledad como un planeta vacío. Un universo de soledad creciente. Mientras la muerte hace su trabajo. Mientras los ojos tienen color de cristales de planeta ciego. Ojo, en La Isla y en Siberia, por un decir.

La tristeza es como la lana de oveja, pero en lo más profundo. Algo que cubre llagas donde la sal las hace. Todo un mundo interior desfigurado. Cuántas personas manipuladas sin opinión creen que la tienen. Para polemizar con los más próximos. Para que no pueda pensar más allá de la piel.

Ahora mismo, hoy, la calle está llena de sirenas, policías, ambulancias, bomberos, mientras el pobre teclado avanza porque te sacan de ti hacia algo que habla de violencias. Escala ansiolítica del cuarenta por ciento.

¿Respiraremos hondo antes de bajar al profundo interior donde el abatimiento es una playa sin vida ni verdad? ¿Ishtar bajando escalones y pisando sobre rosas marchitas? El interior temblando hacia su nada…

Otra enfermedad a sumar entre las enfermedades que padecimos y padecemos. La fría esquirla neutra que nos separa de todo y de todos. Y yo me entiendo. La amistad convertida en un caldero de cangrejos cocidos. Nos han quitado la confianza en la Iglesia, han denostado de las religiones, la caza del abstemio cansado con el vino de tres mil creencias, se ha vuelto un panorama de pieles muertas. De desconfianzas sociales para alegría de nuestros políticos.

Las guerras siguen de verdad. La prensa exalta u omite. Las drogas y sus guerras, los países corruptos, el ciego panorama donde no hay nada sin llorar. Ni izquierdas ni derechas. El naufragio interno del abandono. La verdadera nada anonadada. La zombificación de la humanidad.

Muere ya el hombre antes de su muerte, todo es un rail de protocolos ciegos. Al alma ya no le importa el alma. Solo el dinero rompe su ataúd. Todas las familias felices se parecen, pero cada familia infeliz lo es a su manera…oe, cómo me he metido en Anna Karenina… ¿Queriendo huir?

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