Han recorrido kilómetros a pie, alentados solo por la fuerza de sus convicciones. Han marchado pacíficamente con el único objetivo de reivindicar lo que consideran que son sus derechos, de exigir justicia. Se han unido a otros cientos, a otros miles, y han caminado por las calles de una ciudad que, quizás otro día, quizás en otro contexto, les habría concedido todo el protagonismo.

Pero no escogieron bien el momento. Mientras ellos se manifestaban -con los lemas, con las pancartas- otros, no muy lejos, prendían barricadas, arrancaban adoquines o lanzaban latas.

Entre tanto ruido, sus exigencias de pensiones dignas, de un sistema sostenible que garantice los ingresos de los jubilados del futuro, no se han oído. Informativamente, la noticia lo tiene todo: una manifestación multitudinaria, las historias de quienes han recorrido medio país para unirse a ellas, un asunto con impacto en toda la sociedad… Como tema de conversación, también: ¿quién no ha pensado en su futuro? Políticamente, debería ser una de las claves del debate actual, a la vista de la inestabilidad del modelo existente, y de que nuestro bienestar futuro depende en buena parte de las decisiones que ahora se tomen.

Pero la atención la tenemos fija en otro foco.

Yo condeno cualquier tipo de violencia. También confieso mi total incomprensión de los movimientos nacionalistas (todos) en el siglo XXI. Más allá de estas dos tesis de base, no tengo respuesta al dilema catalán. Entiendo que su complejidad ha ido creciendo conforme quienes debían aportar soluciones han ido posponiendo su trabajo.

Ya no hablamos de pensiones. Pero tampoco de paro, de precariedad, de vivienda. De cambio climático, a rachas. La corrupción parece que está pasada de moda. Solo las elecciones (la que sea, siempre hay alguna de la que hablar) parecen competir en protagonismo. No es cosa de los políticos, o de los medios; o no solo de ellos. Somos todos: en el trabajo, en una cafetería, con los amigos.

Llegará el día –confío- en que todo se resuelva. Para entonces nos daremos cuenta del todos los asuntos que dejamos pendientes.

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