La semana pasada comenzó el tercer trimestre para nuestros pequeños y con ello las sesiones de clases on line.

En otra ocasión escribiré sobre los más pequeños y su actitud durante este confinamiento que ya nos trae “medio majaras” a los más mayores y ellos como auténticos héroes siguen aguantando el tipo.

Hoy vengo a hablaros sobre los profesores, pero no de todos, no vengo a hablaros de esos profesores que se merecen un gran aplauso por su gran implicación con nuestros hijos durante esta situación que nos sobrepasa a todos, de esos no, de esos grandes profesionales no.

Vengo a hablaros de la escoria de esta profesión, de esos que están tirando por tierra el trabajo de muchos, sí, de esos, de esos que están jugando con el futuro de nuestros hijos y poco o nada les importa si aprenden o no.

Y cuando hablo así de claro es porque lo vivo en primera persona, porque en casa tengo a una profesora de clases particulares, a la que veo esforzarse de manera desmedida mañana y tarde, corrigiendo tareas, preparando clases y material para que esos alumnos sigan adelante y puedan aprender y sacarse el curso.

Hay mucho profesor acomodado, con la cartera calentita, que gracias a las plataformas digitales están cubriendo expediente, justificando sus sueldos y lo más doloroso es que personas como éstas evalúen a nuestros hijos, pero, ¿quién te evalúa a ti, señor profesor?

Este tipo de profesiones son de las que siempre he pensado que son vocacionales; nadie puede enseñar si no tiene la vocación para poder hacerlo, son personas que tienen ese don.

Pobre de aquel que eligió la carrera de Magisterio para vivir bien, para tener más vacaciones y para hacer honra a ese refrán de “vives mejor que un maestro-escuela”

Ser profesor no es trabajar en un colegio, quizás los haya mejores fuera que dentro de ellos y quizás más capacitados que algunos de estos “fuera de serie”.

Si algunos vivís de cerca un caso de este tipo, que sepáis que el merito este año de los aprobados, por supuesto estará en el alumno, en sus padres y en su profesor de clases particulares si es el caso.

Y ahora, si este articulo lo está leyendo algún “fuera de serie”, espero que se te esté cayendo la cara de vergüenza.

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