Análisis

Enrique Bartolomé

Postureo y solidaridad

Esta vez no puedo ser objetivo. Mi vinculación altruista, algún tiempo, con la residencia de ancianos de Las Banderas, me sitúa en una posición de defensa. El anuncio de que la congregación de las Hermanitas de los Pobres -que gestionan Las Banderas- abandonará nuestra ciudad, tras más de 130 años en El Puerto, me llena de desánimo aunque me invita a la reflexión.

La congregación fundada en 1839 por la francesa Juana Jugán, que siempre ha dedicado su vida a las personas mayores con dificultades económicas y familiares, se instaló en nuestra ciudad en 1887, y desde entonces atienden a mayores con pensiones mínimas y pocos recursos. Junto a las religiosas trabajan en Las Banderas otros profesionales, como enfermeras, terapeutas, auxiliares y fisioterapeutas. La falta de vocaciones altruistas, la avanzada edad de las religiosas portuenses y la escasa colaboración de las administraciones públicas, ha obligado a tener que tomar esta decisión.

¡Que poco somos, si nos limitamos a ponernos de perfil o como mucho a solicitar la Medalla de Oro de la ciudad! No he oído voces que apelen a la solidaridad con los ancianos que aún conviven, como si de una familia se tratase. Mucha actitud artificiosa e impostada, de cara a la galería, pero poca acción. Eso se llama postureo.

Me consta que el asilo de Las Banderas cuenta con muchos benefactores, que realizan aportaciones de todo tipo para el día a día de la residencia. Echo en falta el amparo y el apoyo incondicional de los poderes públicos y de las fuerzas vivas de El Puerto a esta causa. Me temo que los que se llenan la boca de solidaridad no hayan pisado nunca la residencia. No se trata del posible cierre. Nos encontramos ante una verdadera injusticia social, si analizamos lo que se hace en Las Banderas y el desamparo de los ancianos que aún son cuidados por las hermanas. La solución no pasa por privatizar la residencia.

Un pueblo no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada, mascullaba Nelson Mandela.

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