Todos sabemos que Fitur es el mejor escaparte para la venta de nuestras mejores cualidades. La ciudad, con escaso sostén en economías que no sean de servicios, poco puede ofrecer como ciudad industrial o tecnológica.

Hace mucho tiempo que sabemos con que cartas contamos, nadie se extraña, y pocas voces suelen pedir mayor inversión en algo que no sea factible.

A pesar de ello, la gran cantidad de terreno industrial debe ser también aprovechada. Siempre procuramos dejarnos llevar por la desidia, siendo mas fácil la critica destructiva que la constructiva, y sobre todo, el mejor deporte nacional es más el esperar el fracaso para criticar, que el apoyar el proyecto para que triunfe. En este panorama la ciudad, que siempre miró tanto al mar como a la sierra, se me antoja ahora dividida también entre dos sectores. Una ciudad con las mejores comunicaciones provinciales, en el centro logístico para la distribución, con fácil acceso al aeropuerto y a muelles comerciales, puede aspirar a lo que en su día fue comercialmente hablando.

Nuestro río se adaptó a través de la reestructuración de su trazado para que ya en época romana sirviera de puerto para las mercancías de todo el Imperio. Cadiz era trimilenaria, pero Balbo decidió usar el río para que se embarcara en él todo el producto de la península, en lugar de llevarlo a una isla.

Mirando con un ojo al Turismo, con otro a la Industria, se hace necesario no desechar nada, aprovechar todo, y sobre todo, no perderse en apuestas fantasiosas sin explotar el potencial existente.

En estos días de pleno febrero, aún con el frío rozándonos las espaldas, es agradable dejarse bañar por el sol, bajar a la playa, atraer a quienes aún siguen arropados por las bajas temperaturas y ofrecer todo el potencial industrial, sobre todo intensivado con la fuerza de un sol que debe darnos energías para acentuar nuestras ideas y proyectos.

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