Análisis

Teresa almendros

Peor imposible

El culebrón de la Plaza de Toros ha adquirido ya tintes preocupantes. A día 5 de julio, cuando escribo estas líneas, la ciudad tiene cerrado a cal y canto uno de sus principales atractivos turísticos y no hay seguridad sobre la firma del contrato, que supuestamente se debería haber rubricado hace varias semanas con la empresa Reyma, elegida en el proceso de adjudicación celebrado el pasado mes de mayo.

Por lo que ha trascendido de este asunto, es un recurso presentado en Sevilla por el anterior adjudicatario el que está retrasando la firma del contrato, ya que además, a estas alturas, incluso si firmase hoy -como barajaba ayer el alcalde- el contenido del mismo podría peligrar en cuanto al número de festejos obligatorios, ya que no da tiempo material para su ejecución en la temporada alta de verano.

Fue en septiembre de 2017 cuando el pleno aprobó no renovar la prórroga a la anterior adjudicataria, con la que el gobierno local, y en especial el ya ex-concejal Ángel Quintana, mantuvieron sonadas diferencias. En este punto, y visto lo visto, cabe preguntarse si no hubiera sido más inteligente bregar con esas diferencias, y envainarse la espada, antes de iniciar un proceso que ha sido una especie de travesía del desierto, avalado por una participación y un consenso para elaborar el pliego de condiciones que a la postre ha demostrado no servir para nada, ya que por muy ambicioso que fuera el pliego, si no hay empresas interesadas es un trabajo vacío y un esfuerzo vano.

Para más inri, uno de los protagonistas de este culebrón se ha quitado de enmedio a falta de un año para las próximas elecciones municipales. Tengo absoluto respeto por las decisiones personales de cada cual, pero parece poco serio irse sin dejar culminado un procedimiento del que se ha sido parte fundamental. Para este viaje no hacían falta alforjas.

La duda es ahora si el contrato se firmará ya -se lleva posponiendo esta firma desde hace ya muchos días- o si las trabas puestas por el despechado concesionario anterior lograrán finalmente que la ciudad se quede este verano sin uno de sus activos más importantes. Los conciertos de altura ya los hemos perdido, en beneficio de Chiclana, que ha sabido sacar muy buen partido de la falta de decisión municipal a la hora de ofrecer un escenario alternativo mientras se deshacía el entuerto. Peor imposible.

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