Análisis

Guillermo Alonso Del Real

Pentecostés o Babel

Lo de Babel debió de resultar bastante incómodo y sorprendente, por lo que cuenta La Biblia. Andaban los albañiles, capataces y arquitectos dedicados a la construcción de un zigurat altísimo, demasiado alto, en opinión de Jehová. No sé que habrá pensado Jehová cuanto los americanos se liaron a edificar rascacielos por todas partes, pero no parece que lo tomara demasiado a mal, puesto que no desató su cólera contra ellos, ni les aplicó ninguno de sus feroces castigos. Y eso que es de suponer que el zigurat no alcanzaría la altura del Empire State, ni de las Twin Towers. Bueno aquí sí que debió de mosquearse andando los años. En cualquier caso se ve que los constructores de rascacielos disponían de las pertinentes licencias de obras divinas, tanto como los inicuos destructores de la costa levantina española a base de edificaciones monstruosas.

El caso es que los operarios de la construcción caldeos o babilonios o judíos o lo que fueran se habían entendido perfectamente entre sí, hasta que cabrearon con su soberbia al Señor y empezaron a hablar en diversas lenguas o jerigonzas de lo más variopinto. El albañil Asurbasirpal le pedía a otro: "oye, Abrabalek pásame un ladrillo" y el otro le respondía: "¿Qué falas ti, carallo? Eu chámome Toñin." Así no había manera.

En cambio lo del Pentecostés resultó mucho más práctico y positivo. El Señor parece que sí suele apuntar de vez en cuando un notable grado de pragmatismo. Los apóstoles andaban preocupados por no ser especialmente políglotas, lo que les impedía ir por esos mundos a propagar la fe, carencia semejante a la que han padecido los Presidentes de Gobierno de España hasta el advenimiento de Pedro Sánchez. Reparado que hubo el Espíritu Santo en tan aguda problemática, les plantó sobre sus cabezas unas llamativas lenguas de fuego y adquirieron por ciencia infusa el llamado "don de lenguas", y eso sin pasar por la Escuela Oficial de Idiomas, ni gastarse la pasta en una academia privada milagrosa, de esas que te ponen a hablar inglés en dos semanas, como un auténtico lorito nacido en Chairing Cross.

Ambas anécdotas parecen de notable autoridad, puesto que proceden de fuente bíblica, lo que no es moco de pavo, y vienen a demostrar que eso del poliglotismo o poliglosia tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Si atendemos al deplorable incidente del zigurat, observaremos su cara negativa; en tanto que en el venturoso prodigio del Pentecostés hallaremos sus aspectos más positivos. Depende.

En nuestro tiempo está claro que se considera imprescindible el dominio de lenguas extranjeras, en especial el inglés. Tú puedes ser un zoquete iletrado, pero, si dominas la lengua de Donald Trump (no la Shakespeare, nada de eso) puedes llegar a convertirte en ejecutivo de la General Motors o en águila de Wall Street; incluso en camarero de hotel turístico en temporada alta con contrato temporal y salario mínimo por jornada máxima. O al menos esa especie se ha extendido con éxito y audaz optimismo. Que tu propia lengua la hables con la misma corrección y eficacia que una cabra pirenaica o mismamente suiza carece de importancia: inglés a toda costa.

De aquí la cruzada emprendida por las autoridades educativas en instaurar los estudios bilingües en los centros de enseñanza. De ahí el ahínco de los centros privados en demostrar su capacidad para fabricar mozalbetes anglófonos con presteza y garantía de éxito. Esos mismos mozalbetes, cuando se expresan en castellano, disponen de modelos de gran calidad académica, como las muy poéticas y brillantes del "reguetón" y también de un amplio repertorio de muletillas, eso sí, políticamente correctas, porque "tío" y "tía" diferencian con claridad el género, tanto como "picha" y "porra" se aplican sólo al varón, en tanto que "chocho" o "chochi" se reserva para las damas. Las cosas son "así como muy" y los artistas y deportistas de éxito saben contestar brillantemente en las entrevistas arrancado con un "bueno, pues, o sea…" En lo que respecta a los resultados del bilingüismo, que en algunas comunidades es "trilingüismo", he podido constatar resultados muy dispares, pero, en general más bien pobres en la práctica.

En cambio disfruto oyendo contar sus cosas a una señora casi analfabeta con un lenguaje sabroso y cargado de expresividad y giros. No te digo nada de cómo he admirado el habla de campesinos bolivianos, o vendedores callejeros mexicanos y guatemaltecos. Sin mencionar las charlas con amigos de Salta.

Creo que sería muy bueno cultivar en la enseñanza el buen hablar y escribir español, sin por ello renunciar a la formación suficiente en otras lenguas. Dada la preocupación de muchos dignos políticos para apañar la Constitución en términos de "inclusividad" creo que nadie me hará maldito el caso, pero tampoco lo pretendo y, desde luego, si alguien me trata de "influencer", que sepa que yo le voy a mentar la madre.

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