El atropello de una mujer por un usuario de un patinete eléctrico se puede considerar un accidente aislado. Que el culpable fuera por un lugar prohibido y con un carril bici enfrente y, sobre todo, que no ayudase ni siquiera a que la mujer se levantara, ya es otra cosa. Uno de los representantes de una asociación que defiende el uso de estos artilugios pero que también ha condenado el hecho ha hablado de patinofobia. Ni siquiera las bicicletas han traído tanta polémica. La realidad supera a la normativa y cuando ya nos encontramos invadidos por estos medios de transporte, todavía estamos expectantes sobre qué atenernos. Los patinetes circulan a una velocidad considerable sin que el conductor lleve casco ni tampoco tienen la obligación de contratar un seguro que les puede permitir afrontar los daños que puedan causar a terceros. Al final, el problema no es el vehículo sino quien lo conduce.

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