DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Tenía interés de oír a la ministra en los últimos debates y me quedo pasmada ante el exceso de andalucismos. En realidad me enfadé un poco. Mucho. Y comenté,  ¿quién ha dicho a esta señora que los andaluces hablamos así? Puede que su intención sea buena, el acercamiento…

Soy andaluza, hija y nieta de andaluces. Vivo, hace más de treinta y cinco años en una calle portuense hasta no poder más, rodeada de andaluces. Me relaciono, gracias a una asociación de lectores, con personas de edades variadas, todas muy sabias y algunas, analfabetas… A nadie oí expresarse omitiendo los “ado” “ido” de los participios verbales.

Como andaluza me atrevo a rogarle que no saque a pasear nuestras formas coloquiales o chistosas de su propio entorno y las lleve a lo que suponemos serio, oficial. Estos vulgarismos mal empleados y excesivos, nos ridiculizan.

Tras el debate casero sobre ¿cómo habla así? pasamos al de atuendos. Reconozco que estaba muy elegante. Le quedaba genial la ropa. Tanto que entre los participios y el modelo, me quedé sin oír su discurso, que era para lo que había encendido la tele.

Tanta intención de igualdad y no sé por qué las mujeres en el trabajo político, no visten con trajes de chaqueta como hacen los señores varones ante la cámara. Por no distraer.

Expresiones ministeriales del: … derecho de volver a casa borracha… son para llorar sin parar. No basta la buena intención.

Mi compañera de escritura ─ochenta años─ me envió un texto de Antonio Machado. De su libro Juan de Mairena: Los dirigentes

Siempre será peligroso encaramar en los puestos directivos a hombres de talento mediano, por mucha que sea su buena voluntad, porque a pesar de ella─ digámoslo con perdón de Kant─ la moral de estos hombres es también mediana.

A última hora, ellos traicionan siempre la causa que pretendían servir, se revuelven airadamente contra ella. Propio es de hombres de cabezas medianas el embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza. A todos nos conviene, amigos queridos, que nuestros dirigentes sean siempre los más inteligentes y los más sabios.

(Apuntes sobre Abel Martín)

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