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Análisis

Redacción José pettenghi

El PP dice que el IMD va "cuesta abajo y sin frenos hacia su desaparición"Desencaja

"Ahora se ingresan 900 mil euros menos en tasas y tarjeta deportiva"

El Grupo Municipal del PPlamentó ayer a través de su concejal y representante en el IMD (Instituto Municipal de Deporte), José Carlos Teruel, la deriva económica que muestra dicho organismo tras la presentación del proyecto de presupuesto de este año 2020. "El IMD va cuesta abajo y sin frenos, directo a la desaparición que parece que es lo que persigue el concejal responsable, José Ramón Páez, cuya única respuesta desde hace un año es 'esto es lo que hay'. En San Fernando ya desapareció el Patronato de Deportes, aquí han delegado funciones como la contratación en el Ayuntamiento, y con Páez al frente, Deportes se ha quedado en un departamento municipal sin la más mínima capacidad de gestión".

Teruel señaló que las cuentas mostradas en el proyecto de presupuesto reflejan unos números de vértigo, con una disminución de ingresos por uso de instalaciones de 900 mil euros desde 2014: "A ese nivel ha bajado la práctica deportiva en la ciudad en equipamientos municipales. Es la señal más evidente del absoluto fracaso de Podemos en esta área, que ha renunciado hace años a fomentar la práctica del deporte y ha dejado caer las instalaciones en lo más profundo de los abandonos".

"La intervención ya lo advierte; hay un saldo negativo cercano a los dos millones de euros en el remanente de Tesorería que se está compensando con la aportación del Ayuntamiento al IMD, lo que traducido resulta que a los gaditanos les cuesta de seis millones de euros unas instalaciones y unos servicios que son un absoluto desastre".

Teruel señaló que la situación del IMD a estas alturas del año presagian "un futuro a corto y medio plazo desolador para el deporte municipal. Estamos con contratos de servicios vencidos desde 2016, con unas cuentas que no dan solución a las instalaciones deportivas que han dejado caer durante tanto tiempo y una plantilla desmotivada".

HACE mil años, la entrada era libre y pujaba la primavera. Al salir del colegio el sábado por la tarde -¡había cole los sábados por la tarde!- tomamos la costumbre de ir a la Plaza de Toros para ver el desencajonamiento. Metían en el ruedo un camión con los toros para la corrida del domingo. Salían los pobres animales despavoridos. A saber desde dónde los traían en aquellos cajones estrechos y oscuros.

Mi único contacto con la tauromaquia. Allí sentado y despreocupado, entre taurinos que opinaban sobre las cualidades de los desdichados animales, que serían heridos hasta la muerte al cabo de unas horas.

El desencajonamiento ya llegó: nos han desencajonado. Nuestra rentrée en la vida civil, dicho por lo fino. "Lo primero que haré", me repetía durante un confinamiento que asumí, no como una imposición gubernamental, sino como un acto de responsabilidad civil. Y sin hacer trampucherías. ¿Aburrido? Más se aburre una osamenta.

Y sí, lo primero fue un largo paseo. Con los ojos bien abiertos, los mismos de aquel chaval que fui: aquí había una enorme cruz de los caídos (de los caídos hacia un lado; de los otros nadie se acordó), después La Caleta, el Falla, el Pópulo, como en la presentación de 'Los Combois de a pejeta'. Allá hay -aún- una pérgola/mirador, inútil monumento a la prepotencia y lo pretencioso. Y los bloques. Cádiz no tiene campo alrededor, su periferia son los bloques. Tirarse por los bloques es renuncia y abandono. También se tiraban trastos jubilados y muebles destituidos. O la transgresión escolar de ir por los bloques, territorio arisco y prohibido.

Allá fuera, el mar. El eterno mar que trajo a los fenicios, aquellos tipos provistos de zoletas que se dedicaron a dejarlo todo bien enterrado.

Un aire de realidad me devuelve a la normalidad y a lo nuestro. ¿De verdad es lo nuestro esquivar invasoras terrazas de bares, caravanas ovinas de cruceristas o despedidas de solteros/as? Y de nuevo la vanidad, la maledicencia, las mezquindades tribales. Otra vez la mierdificación de los oficios que nos protegieron del virus. Y la soberbia de los que limitan la pandemia a un sórdido conflicto económico.

Ay, mejor sigo mirando al mar.

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