Mi admirada Charo Troncoso ha publicado en Facebook una preciosa oración a Dios para que nos libre de todo esto. A mí me gustaría poseer ese don de Charo, ese modo directo, femenino, desenfadado (o enfadado) de hablar. Es una gran poeta, destinada a muchos empeños. Y sabe rezar. A mí no se me da tan bien, digo dirigirme a un Dios misterioso que habla con silencios. Algunas veces voy al Santísimo y me siento allí, en absoluto silencio. Es un silencio por el silencio desde que un día sonó dentro de mí una voz que decía qué te voy a decir yo que tú no sepas, que te voy a pedir que no necesite y conozcas. Dios es una espesura pétrea, un silencio absoluto, sideral. Habló por los profetas, nos envió a su Hijo Nuestro Señor, que fue muerto y sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos. Nuestro tiempo no es, para nada, el tiempo de Dios, en donde no existe el tiempo. ¿Lo puedes entender? Pues es así. Una eternidad sin tiempo. Ahora que ha venido esta pandemia se verifica una vez más la sabiduría de mi madre, que solía decir que estábamos "en las manos de Dios". Mejor explicación no encuentro, la verdad. Y por eso me parece normal que alguien con tanta vida por vivir como la poeta Troncoso se haya plantado delante de ese Dios de silencio y le haya dicho lo que le ha dicho. Que tiene miedo, que no comprende nada, que tiene dos hijos, y a su padre y a su madre. Y que por favor limpie el mundo de este virus terrible que nos ha quitado la libertad y a centenares de miles, la salud y la vida. Millones y millones en todo el planeta. Pero claro, cómo se puede hacer eso, ¿con un golpe universal de magia? ¿De pronto existe, de pronto no existe? Salvo que éste sea el modo de hablar de Dios para estos días de congoja y desesperación, ¿cómo entenderlo? Me he venido al hondón de mi casa, que es donde tengo una mesa y muchos libros. Estoy solo, suena una música que no estorba este ponerse delante de la presencia de Dios y no es interpelarlo, no es exigirle nada, ni siquiera es hablarle con palabras, es esta disposición mental, este pensamiento del que formamos parte, este ser pensamiento de Dios, seres fugaces y sensitivos en el pensamiento de Charo Troncoso, que recordando cómo rezaba cuando era niña se pone ahora de nuevo delante de Él y le dice: "Dios, si me oyes, escúchame. Míranos bien, aunque no creas en nosotros y prefieras seguir dormido. Somos muy imperfectos. Pero llévate esta mierda de virus, o aparta del mundo a quienes nos engañan. Danos una tregua". Me pongo a su lado en sus palabras, y le pido por un amigo también, que lo necesita mucho.

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