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La esquina del Gordo

Nueva normalidad

A partir de ahora podremos hacer un sencillo ejercicio mental. Cada vez que oigamos 'nueva normalidad' lo interpretemos así: ¡España se hunde! A ver si esto nos asusta y nos plantamos para que los gastos de mantenimiento del tinglado se reduzca de una vez por todas

Dicho así es una de las muchas auroras boreales que han alumbrado los bocachanclas que nos gobiernan tratando de definir el tiempo venidero, ese que están diseñando los totalitarios: la nueva pandemia para la que no habrá ni remedio ni vacunas como el pueblo no reaccione, imposible pretensión mientras duren las pachangas de los estados de alarma.

¡Nueva normalidad! ¡Qué grotesca ambigüedad! Por lo que se intuye esta nueva normalidad consistirá en aceptar como natural la limitación de las libertades, someterse a órdenes encubiertas como "recomendaciones para el bien común", llevar mascarillas, guantes, saludarnos a dos metros de distancia, ver a nuestras familias por videollamadas, romper la convivencia, tasar los tiempos de salida, llevar salvoconducto para ir de un barrio a otro, de una ciudad a otra, justificar esos traslados y ¡pasaporte sanitario si se sale de la comunidad autónoma donde se resida! ¿Consistirá en esto la nueva normalidad?

Pues mire, no, todo esto será utillaje para usar y tirar, se llegará más lejos: cámaras en las calles, drones vigilantes, geolocalizadores… Y pagar un impuesto de circulación específico para cada movimiento, que de alguna manera tendrán que paliar el hundimiento de la economía. 

La nueva normalidad, si no se remedia a tiempo, será un ensayo totalitario al socaire de una pandemia inevitable, gravísima por no haber sabido prevenirla, pretexto para convertir España en la autocracia que se viene pretendiendo, que así y con limosnas del Padre Estado, —llámese ingreso mínimo vital o mínimo común múltiplo, jamás creación de empleo estable—, se consigue el pensamiento único y entronizar la miseria, porque la próxima pandemia, la nueva normalidad no se llamará Covid-19, sino HAMBRE, y entonces si que será necesario mantener al pueblo amordazado.

Ahí están todos esos países que demuestran cómo sus regímenes totalitarios han ido degradándose, empobreciéndose gracias al autoritarismo populista, donde todos sus dirigentes terminan ricos. Fíjese si ha llovido desde aquel ¡¡Exprópiese!! del sátrapa que terminó por llevar a su país a como está hoy; y lo mismo Ecuador, Bolivia, Brasil, Bolivia, Nicaragua, ¡Cuba…! Para qué seguir si en España, con la nueva normalidad vamos camino de superarlos. ¿O es que el tal Pablo Iglesias y sus comparsas neocomunistas no pretenden lo mismo? Me refiero a lo de empobrecer para enriquecerse ellos. El primer triunfo ya se lo han asegurado con la reclusión y el silencio impuesto gracias al estado de alarma y a un gobierno de pacotilla en donde ellos hacen y deshacen a su antojo con el consentimiento de un inepto cuya principal característica consiste en contradecirse a sí mismo diariamente.

A partir de ahora podremos hacer un sencillo ejercicio mental. Cada vez que oigamos ‘nueva normalidad’ lo interpretemos así: ¡España se hunde! A ver si esto nos asusta y nos plantamos para que los gastos de mantenimiento del tinglado se reduzca de una vez por todas: cesar al 80% de toda la clase política y dejar a cero sus privilegios. Cualquier retraso en estas medidas servirá para que se sobrepase el 45% de parados y se adelante la fecha de las cartillas de racionamiento. 

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