E s la palabra de moda, y no me meto a analizar los contextos en que tal moda ha surgido. Para eso hay numerosos expertos en política, virología y otras materias; más expertos cuanto más osados e ignorantes, a decir verdad.

La Real Academia de la Lengua define lo normal: 1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural. 2. adj. Habitual u ordinario. 3. adj. Que sirve de norma o regla.

La cuestión es averiguar cuál es el estado natural de las cosas. Lo habitual u ordinario es cambiante y hasta volátil, y las normas o reglas no surgen de la nada, sino que son establecidas por alguien.

Por ejemplo, la esclavitud fue habitual en muchos momentos de la historia y en lugares muy distantes. Hubo esclavos en la culta Europa durante siglos; también los hubo en los Estados Unidos de América hasta la relativa abolición de la esclavitud, y sabemos que los aztecas también tuvieron esclavos y encontraron la mar de corriente practicar la antropofagia. Los hindúes veían corriente que las viudas se sacrificasen en la pira de sus difuntos maridos, y así sucesivamente.

Por desgracia es cosa corriente que siempre haya un par de guerras o tres en pleno apogeo a lo largo y ancho del mundo. Que los Gobiernos envíen al matadero a millones de individuos ajenos por completo a tan brillante iniciativa es algo habitual, con momentos particularmente estelares como las dos guerras mundiales y, en nuestro propio caso, la guerra civil, cuyas secuelas todavía no han finalizado, ni tienen pinta de finalizar.

En Chiclana lo normal es que padezcamos un paro endémico y que asumamos este hecho con una especie de estúpido fatalismo. También que nos parezca normal que los domingos Chiclana desaparezca de la faz de la tierra, como el Castroforte de Baralla de Torrente Ballester, para reaparecer los lunes. Cosas corrientes.

Sin embargo parece ser que la normalidad es el colmo de los bienes y todo el mundo la desea con fervor y candor dignos de mejor causa. Es normal que una infinitésima parte de la humanidad acapare la inmensa mayoría de la riqueza, en tanto que la mayoría sólo disfrute de una mínima porción de la tarta. Completamente normal.

Pues se me ocurre a mi que sin lo anómalo este mudo sería aún más necio y aburrido, que sin la anomalía no valdría la pena vivir. Imaginemos que Don Quijote de la Mancha, el Buen Alonso Quijano, se hubiera limitado a hacer la vida de un hidalgo rural corriente y moliente: cazar, administrar su parca hacienda, hacer tertulia con el cura y el barbero, intentar casar a su sobrina y, en suma, aburrirse como un hongo. Menos mal que Don Miguel de Cervantes, su progenitor, le lanzó por el mundo a embestir contra gigantes, acometer contra rebaños de ovejas y, en suma, hacer cosas completamente anómalas.

¿Y si Pablo Picasso hubiera pintado a las señoritas de Aviñón tal y como se presentarían a los ojos de uno de sus pecadores clientes, sin interpretar, transfigurar, a las prostitutas aquellas? ¿O si Buñuel hubiera hecho una película llamada "Un perro andaluz", cuyo protagonista fuera un perro andaluz auténtico?

La anomalía, la ruptura de lo establecido, preside la tragedia griega, que siempre ha sido considerada un fiel reflejo de lo esencialmente humano, tanto como los mitos helénicos. Prometeo no puede hacer otra cosa que intentar igualarse a los dioses y sufrir el correspondiente castigo, más o menos como fue castigado Sísifo por su impiedad. Es que los dioses no suelen andarse con chiquitas y, si no, échenle un vistazo al Antiguo Testamento de la Biblia.

Entonces, ¿a qué viene tanto entusiasmo por la normalidad? Pues supongo que conviene a los que ostentan el poder que nosotros, súbditos, aceptemos las cosas como a ellos les interesa, sin meternos en camisa de once varas. Y debo puntualizar que me refiero a los que de verdad ostentan el poder, que, desde luego, no son los que figuran como gobernantes, salvo casos excepcionales. Éstos son una especie de encargados o mandados de los supremos poderes económicos con su cobertura ideológica, religiosa en ocasiones.

Y, cuando los Gobiernos tienen auténticos poderes, las cosas pueden empeorar todavía más. Que un chiflado muy agresivo, como es Donald Trump, disponga de descomunales atribuciones causa daños irreparables a sus conciudadanos y al mundo en general, pero es completamente legal, o sea normal, según las normas vigentes en su gran País, y digo gran País con absoluta convicción, porque admiro su literatura, su cine del antiguo Hollywood y a muchos de sus sabios científicos.

Lo mejor en estos tiempos de loa a la normalidad es poner cara de normal, siguiendo el ejemplo de Monsieur Pascal y no meterse en complicaciones, porque: "Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación."

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios