Los nervios metidos en el estómago auguraban una noche complicada y larga. La máxima que te decían tus padres de que hasta que no estuvieras dormido no iban a venir, complicaba aún más las cosas. El tiempo iba pasando y la imaginación corría sola. El sueño del juguete que habías pedido, si habían venido ya o no. La táctica era hacerse el dormido si se escuchaban ruidos por el salón aunque entonces el golpeteo fuerte de los latidos del corazón eran los que te podían delatar. A pesar de que había cosas que no cuadraban en aquella historia, había algo que te impedía llegar a la verdad absoluta. Ahora los nervios en el estómago también te acompañan porque te ves reflejado en tus hijos, en esos que pasan la víspera como una moto y que hoy se habrán levantado con la ilusión de qué se van a encontrar pero sin perder las perspectiva de que son unos afortunados y privilegiados.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios