Análisis

Manolo Fossati

Invasión

Viaja mucha basura a bordo de esos trenes cibernéticos que no piden billete a nadie para subir, es verdad, pero en algunos de los mensajes que recibimos por sus vías hay más sentido de la realidad, y de la interpretación del presente y del futuro, que todos los que se dicen en esa inmensa nada fútil en que se convierte por momentos el pleno del Congreso

Entre los muchos y dolorosos efectos de la crisis del coronavirus se encuentra uno de los más invasivos: no deja lugar casi a otros temas de conversación, de debate y ni siquiera de chistes. Ya no se chotea nadie del procés, ni de los nombramientos del gobierno, ni de los miles de euros que se gastó la alcaldesa en un sillón, ni por supuesto de los discursos y viajes de Greta Thurnberg. Hasta las suegras de todo el mundo están de enhorabuena.

De pronto ha desaparecido la preocupación por el pin parental, por la eutanasia (bueno, aquí Vox no ceja en acusar a los 'socialcomunistas' de ser asesinos de ancianos), el COVID19 se llevó por delante los miles de propósitos de Año Nuevo, sobre todo el de ponerse a dieta.

A los opinadores de oficio y de afición no nos ha dejado lugar a la variedad. Es verdad que a muchos les ha permitido sacar su tendencia natural a buscar culpables o a señalar siempre a los mismos. Siendo como somos la mayoría unos indocumentados científicos, buscan la salida en disparar contra las autoridades, siguiendo la máxima inveterada y popularizada en Italia que culpaba al Gobierno incluso de la lluvia. El "piove, porco Governo!" tiene tanto poder de contagio como el ente microscópico que amenaza a todo el planeta en estos días nadie olvidará.

Vienen el wasap y otras redes sociales (que desconozco) a suplir nuestro cansino repetirnos de columnistas. Viaja mucha basura a bordo de esos trenes cibernéticos que no piden billete a nadie para subir, es verdad, pero en algunos de los mensajes que recibimos por sus vías hay más sentido de la realidad, y de la interpretación del presente y del futuro, que todos los que se dicen en esa inmensa nada fútil en que se convierte por momentos el pleno del Congreso. Por ejemplo.

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