Análisis

José Antonio Hidalgo

Un Museo que va más allá del carnaval

El gobierno de José María González está dando ya pasos firmes para la construcción del Museo del Carnaval en Cádiz. Un equipamiento que debería de formar parte del escenario de la ciudad desde hace años pero que, como casi todo lo que se pinta aquí, ha ido acumulando promesas incumplidas, inversiones anuladas y proyectos no ejecutados. Un equipamiento que debería de ser ya uno de los referentes culturales de la ciudad, al ser su principal fiesta con relevancia internacional y, bien planteado y gestionado, un evidente referente económico como, lógicamente a otro nivel, se han convertido centros como el Guggenheim en Bilbao o los grandes museos abiertos en los últimos años en Málaga.

El gobierno de José María González ha apostado desde un principio por ubicar este equipamiento en uno de los edificios con mayor historia de nuestra ciudad: el Palacio de Recaño, propiedad del Ayuntamiento de Cádiz y durante años sede del conservatorio de música. Se ha querido aprovechar uno de tantos edificios de referencia que se encuentran cerrados en intramuros y, a la vez, se ha querido evitar la construcción de un inmueble de nueva planta, más costoso y, sobre todo, obligado a ocupar los escasos espacios libres que quedan en el casco antiguo y cuyo uso deberían de destinarse para abrir plazas o, allí donde fuera factible, levantar viviendas.

La elección del Palacio de Recaño es, por ello, acertada. Un inmueble muy bien conservado, con un ala más moderna donde en su día estuvo un centro educativo y que corre el riesgo de entrar en decadencia si no se le da rápidamente uso. Y bien situado en la trama urbana. A un suspiro del Teatro Falla, uno de los epicentros del Carnaval, y en el entorno del mercado de abastos y Correos, otras zonas referentes de la fiesta. Sin olvidar que tiene como vecino al centro arqueológico de Gadir y a la Torre Tavira, joyas ambas de la oferta cultural y turística de la ciudad. Un triángulo que hay que saber aprovechar y el gobierno de González parece que lo tiene claro.

El desarrollo del proyecto del Museo del Carnaval supone una importante inversión económica pues aunque el edificio es público y está en buen estado, adaptarlo y equiparlo para la nueva función implica lógicamente un desembolso relevante. La participación de la Junta, a través de la ITI, es por ello esencial habida cuenta de lo mermada que está la caja municipal. Cabe en este caso esperar una respuesta positiva de la administración regional, teniendo en cuenta los ahorros que la Junta ha logrado en otras inversiones ciudadanas gracias a la aportación municipal en los últimos años.

En los últimos días el propio alcalde se ha encargado de enseñar el edificio y lo que en él se pretende hacer con el entusiasmo de quien tiene claro su objetivo, obteniendo el apoyo de estos colectivos conscientes de que Recaño debe ser sede de un centro que atraiga a visitantes y no un centro administrativo.

Ahora queda esperar que este entusiasmo y que los compromisos de financiación se concreten en un proyecto real y en fondos para ejecutarlo y que el Museo del Carnaval no engrose la larga lista de edificios que iban a ser referentes para la ciudad. Y cabe esperar que este gobierno no vea fantasmas y piedras contra el Museo donde no los hay.

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