Análisis

pedro manuel espinosa

El Mundial nace torcido

Al incendio provocado por Florentino y Lopetegui arrojó ayer gasolina Rubiales

Al incendio provocado el martes por Florentino y Lopetegui le arrojó ayer un buen cubo de gasolina Rubiales en un ataque de cuernos que el tiempo juzgará. Con la sangre agolpándose en según qué partes del cuerpo es mal asunto tomar decisiones. El nuevo presidente de la Federación ha decidido ejercer de cónyuge agraviado por la traición y le ha puesto las maletas en la calle al seleccionador sin pensar en los niños. Porque los niños, sensibles siempre a estos cambios, afrontan mañana una cita descomunal, un Mundial que para algunos puede ser una experiencia única y que la están viviendo como un dramón de mil demonios. No sé si Rubiales ha hecho bien. Tengo claro que Florentino, con su soberbia, y Lopetegui, un técnico que parece tener mejor futuro que pasado, con su deseo de volver a la casa donde creció, se han comportado como seres egoístas. Además lo han gestionado rematadamente mal, casi poniendo en bandeja a Rubiales el guante y las pistolas para batirse en duelo con Hierro como padrino.

El resultado del affaire es que España llega huérfana a una cita marcada en rojo por los aficionados desde hace cuatro años, cuando, no lo olvidemos, la España todopoderosa abandonó su trono a mamporrazos. De la época gloriosa, por más que el gol de Iniesta siga poniendo los vellos de punta, hay que ir olvidándose, arrinconándola en el lugar más bonito de la memoria pero mirando hacia adelante con realismo. Y lo cierto es que ahora mismo España es menos favorita de lo que lo era el mates. Sólo un arrebato futbolístico de una buena plantilla, aunque carente de gol, podría reconducir la situación. Eso sí, Hierro está ante la oportunidad de su vida y, de paso, la de demostrar que la suerte y la manera de gestionar un grupo es tan importante como las sesudas tácticas que algunos petulantes del balón utilizan de coartada para reclamar una gloria que pertenece a los que juegan.

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