Oímos en la radio las noticias descorazonadoras acerca de la Casa Real. Más que escandalizarnos por cómo algunos pierden el norte ante una supuesta tentación que, solo viene a demostrarnos la vulnerabilidad humana, deberíamos de rogar para que los demonios no nos pongan a prueba porque igual resulta que no somos tan consecuentes como creíamos.

Me hago eco de aquello de que “el que esté libre de culpas, lance la primera piedra“. Con esto no pretendo excusar el deber de la ley, que ha de cumplirse, sino el de los juicios sobrantes que condenan sin respeto a una vida entregada a un país, con una trayectoria que nos ayudó a llegar a ser una sociedad democrática. Aún recuerdo su primer discurso, prometiendo que todos los españoles serían oídos. ¿Cuántos pasaron su vida en la cárcel sin ser criminales por el hecho de pensar distinto? Libertad sin ira, se cantaba. Sin ira.

Nuestro Rey Emérito tuvo una parte importantísima en el descubrimiento o en el reconocimiento de nuestras libertades. No lo olvidemos. Como será juzgado, pues ya está. Que la ley cumpla su misión que para eso están los juicios.

Reconozco que a demasiadas personas nos apena porque representaba a nuestro país y era respetado por la mayoría. No olvidemos el peso de la propia conciencia ni que, detrás de cada acción incorrecta o delictiva, hay una familia sufriendo lo indecible. Las debilidades de los mayores siempre nos apenan y nos marcan. Mucho más cuanto más importante y público es el personaje a enjuiciar.

Claro que hay derecho a la opinión. Por supuesto. Pero creo innecesaria la crueldad y el ensañamiento. ¿A qué socavar en heridas abiertas?

Acabo este artículo recalcando sus ideas principales. El deseo de que la Justicia haga su papel. La pretensión de que no nos convirtamos en jueces condenatorios por ser él quién es y no por el hecho en sí. Evitar hacer “gracias” a costa de las debilidades ajenas porque es como escupir al cielo…

Suele decirme una persona muy querida: lo que hay que pedirle a Dios no es que superemos la tentación sino que no se nos cruce por delante.

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