Cuando empecé a enseñar, aprendí que había que dar razones al alumnado para cumplir con el deber de estudiar. Por ejemplo, ser agradecidos con la suerte de tener un buen colegio, mejorar la autoestima o comprobar la satisfacción de los padres… También que procuraran disfrutar, pero que siempre, intentaran ser buenos compañeros y amigos. Somos seres sociales y logramos ser más felices si mantenemos y cuidamos nuestras amistades.

Todos los profesores deseábamos que nuestros alumnos fueran personas preparadas para afrontar el futuro con altos valores socioculturales porque les ayudarían a ocupar puestos de responsabilidad en el futuro.

Otras razones eran más altruistas. Empezaba en España la Democracia y teníamos que acostumbrarnos a pensar en las razones que se le exigen al líder.

¿Qué valores debían de tener esos líderes o modelos? Pues rebosar talante, capacidad de sacrificio, dar ejemplo, ser sincero y tener claro los objetivos. Un líder sabría trabajar en equipo, tendría claro qué quiere hacer y cómo estructurar lo que quiere hacer. Respetar a los que no pensaran como él. Asumiría que su puesto era un servicio, y que no duraría siempre… en fin. Todos lo que ustedes, señores lectores, conocen de sobra. Antes, se hablaba en las clases y en la calle de conceptos olvidados como capacidad de sacrificio, esfuerzo, lealtad, honestidad… no eran incompatibles con las asignaturas.

Me quedo de piedra. En este momento, el telediario muestra a jóvenes fumando cannabis. Se consienten las emisiones de programas vergonzosos dirigidos a adolescentes que, al día siguiente, llegarán a clase agotados, sin estudiar y justificando a sus profesores que ellos “necesitan suspender para poder acceder a FPB”. Podríamos preguntarles si conocen los conceptos de sacrificio, esfuerzo, lealtad u honestidad. Podríamos preguntarles quién era Cervantes, o quiénes son sus líderes. ¿Qué hacen los que nos mandan para arreglar esto? ¿Decir salvajadas como que los padres no tienen derecho a elegir el colegio de sus hijos?

Nos escandalizan. Mis hijos fueron a buenísimos centros concertados y públicos. Elegimos. Sabíamos quiénes eran sus amigos y cómo les enseñarían Historia de España.

Ignoro a qué dioses sirve la clase que nos manda, pero no coinciden con el mío.

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