El Mirandilla, que estaba pegadito a la magnífica y -cuasi- efímera plaza de toros de Gades, era el sitio del balompié al que me llevaba mi padre desde muy pequeño. En la primera foto que me hicieron en el Mirandilla aparezco sumamente niño, tupé engominado brillando al sol y los padres guapos, especialmente ella, Victoria, "su Vitorita" para el teniente coronel Zulueta, el pobre abuelo Pepe, que jamás me conoció y que se fue con cinco niñitos a la Guerra de África y volvió con una nena, pues los otros cuatros no pudieron superar sus frecuentes infecciones intestinales.

AO sea, que aquello, el Mirandilla, indico, desapareció, igual que voló la comodísima plaza de toros de al lado. Para un niño las cosas desaparecen y ya está; en cambio los adultos sabemos o, mejor, saben ellos, las razones y las causas que existen para derribar un campo de fútbol y trabajar el "sustancioso" ladrillo.

Entonces no era estadio, aunque nunca me enteré cuál era la oposición semántica entre campo y estadio. Las gentes de Cádiz, los mayores, señalaban que se debía a que el nuevo, el Carranza, poseía una pista de atletismo, no sé…

El Mirandilla, repito, estaba al lado de la comodísima plaza de toros de Cádiz, cerquísima a los corrales, adonde soñaban verónicas de alhelí, Lorca, los uros que los españoles hemos convertido en esa fiera monumental que llamamos toro de lidia. O sea, que la gente de Cádiz pasaba del furbo a los toros y de los toros al fútbol sin más que dar unos pasos. Simbólicamente, mentalmente, igual que en toda España. Hubo una época en que los españoles disfrutaban tanto con Manolete, Pepe Luis Vázquez, Luis Miguel o Pepín Martín Vázquez, como lo hicieren con Zarra, Panizo y Gaínza. Tanto con Antonio Ordóñez como con el Puskas adorado y revivido por mi amigo el escritor Manuel Ramos en su libro de relatos, tan formidables como gaditanos, intitulado Verano del 62.

Pues igual que se derribó el Mirandilla, intentan ahora derribar el Carranza.

Viendo el Café del Correo 7 TV que modera y lleva con tino Fernando de Santiago, salió el inverosímil, oscuro, extraño asunto de abandonar el Carranza y llevarlo a… Tenían razón los intervinientes en muchas cosas. Mi amicísimo Enrique Montiel opinó algo así como: "Si pago por vivir en una casa nueva y mona un euro al año, para qué me voy a construir otra". Se oyeron asimismo frases como: "Es para tener algún patrimonio" a lo se replicó que el Glorioso ya lo posee en sus terrenos de Puerto Real. También se preguntaron: "¿Siempre va a estar el Glorioso en primera?"

En el palco hicieron hace unas semanas una declaración formal: "Si el glorioso se va de Carranza, nunca iremos a verlo".

Podría seguir opinando del fuego este; pero prefiero cambiar de tercio y sacar a colación la segunda victoria del Glorioso en eso que llaman hiperbólicamente la Catedral. Pues ayer el obispo fue Salvi Sánchez, el extremo más veloz de España con permiso de Vini, aunque algunos digan injustamente que no es jugador de primera. Y la Catedral quedó tatuada ayer con la SS del sanluqueño.

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