Ha pasado más de una semana de los atentados en Cataluña y seguimos atónitos la marcha de las investigaciones, las reacciones de la ciudadanía, el intento de recuperación de la normalidad. "No tinc por", no tengo miedo, es el lema más repetido estos días, y hace falta armarse de valor, reafirmarse en la defensa de un estilo de vida en libertad para repetirlo con convicción. Porque sí tenemos miedo. Yo lo tengo. Miedo del fanatismo de jóvenes educados en España que se radicalizan hasta el extremo de considerar que cualquiera en cualquier momento es culpable y merecedor de sufrir un atentado; miedo de sabernos inmersos en una guerra de límites difusos de la que es difícil mantenerse a salvo; miedo de las redes sociales que permiten escupir impunemente comentarios violentos, islamófobos, inspirados y divulgados con raíces similares a las que han permitido fabricar terroristas; miedo al rechazo que provocan las diferencias y que hace que haya quien se escandalice de que estos días "también" se expresen en catalán los catalanes; miedo al miedo a sabiendas de que la única reacción posible es continuar con nuestras vidas a pesar de todo. Ahora ha sido Barcelona. Nos duelen más las víctimas cercanas, quizás porque nos hacen sentir más vulnerables. Hemos paseado por allí, descuidados como cualquier otro turista o ciudadano. Duelen también las noticias de otras muertes violentas, igualmente inocentes, a veces solo números, atentados igual de absurdos en lugares mucho más apartados aunque los medios de comunicación y las redes sociales actúen tapando el sufrimiento. Es difícil compaginar la solidaridad, el dolor y la preocupación con la recuperación de un agosto de vacaciones. Resulta frívolo cambiar de tema, alternar las noticias plagadas de crueldad con la frivolidad necesaria que requiere seguir con nuestras vidas. No tinc por, clama el ciudadano. "No en mi nombre", tratan de hacerse oír quienes también son víctimas. Dejar que se alcen sus voces es la única manera de luchar contra quienes sacan partido de la xenofobia. Lo vivimos con ETA. Debería servirnos para algo. Y, por supuesto exigir a los gobernantes soluciones y unión ante la barbarie.

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