Tiene El Puerto dos mercadillos de andar por casa y una Plaza de Abastos o Mercado de la Concepción que cada día que pasa se parece más a una exposición de arte contemporáneo que a lo que realmente se supone debiera ser. Equipos de gobierno de distinto color se han reunido y vuelto a reunir una y mil veces con buenas palabras para el sector, intentando acondicionar y modernizar sus instalaciones pensando que así se dinamizaría el flujo comercial de tan señero edificio. Pero la verdad es que unos por otros y a día de hoy la casa sigue sin barrer. Cierto es que los porteños y las porteñas no acudimos a la Plaza ni aunque nos regalen un numerito de esos que rulan a diario por la Placilla, pero no es menos cierto que ir ‘pa ná’ es tontería, porque el panorama que te encuentras a pesar del esfuerzo de los pocos propietarios de puestos que van quedando es sencillamente desolador.

Yo que tengo por costumbre cuando viajo a lugares por conocer, procurar que mi primera visita sea al mercado de abastos del lugar para, viendo el trasiego de la mercadería expuesta hacerme una somera idea del carácter y forma de vida del sitio en cuestión y de sus gentes, me doy cuenta que haciendo eso mismo en el mercado de abastos de mi ciudad quedamos en muy mal lugar, con un ‘necesita mejorar’ acuciante y demoledor en comparación con lugares de menor entidad que nuestro cacareado Puerto de tantos palacios que, de un tiempo a esta parte aspira a volver a ser referente turístico y amable como así lo fuere en épocas no muy lejanas.

De momento podríamos decir que en vez de dos mercadillos casi tendríamos tres para competir entre ellos cada uno en su especialidad. Y ya que estamos, me atrevo a poner negro sobre blanco oyendo comentarios de vecinos y vecinas que verían de muy buen grado que, para desahogar el Paseo marítimo José Luis Tejada del mercadillo de los martes y del domingo, este último bien podría trasladarse al Paseo de la Victoria dando vida y sustancia a un lugar que fue centro neurálgico de entretenimientos y pasiones de nuestros antepasados, poniendo así en valor un espacio libre más del que tan necesitada esta nuestra querida ciudad.

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