Hace unas semanas, en este mismo espacio, preguntaba más o menos textualmente: «¿Sería demasiado exigirle a Sánchez que pidiera perdón por haber intentado gobernar sin saber, y que antes de irse deberá reconocer públicamente su incompetencia?». ¿Que no? Pues debiera ser una ley de obligado cumplimiento. Lógicamente la pregunta puede ser aplicada a todos los que sin preparación ni bozal se dedican a lo mismo. 

Casi por las mismas fechas de la publicación que aludo, Felipe González, refiriéndose a la gestión de sus compañeros de partido y adláteres en el gobierno, dijo: «El error en política es perdonable, lo que no es perdonable es la estupidez». Y mire lo que han tardado los botarates de su propio partido y sus secuaces en ponerle la proa.

A pesar del consuetudinario navajeo interno, el inquilino monclovita, de cara al exterior y pese a todos sus encubridores, no puede ser más ruin. Ya ha conseguido que Zapatero ‘El Nefasto’, comparado con él, haya quedado como un virtuoso. Haciendo de tripas corazón soportaba el desprecio del respetable cuando aparecía en público. Sánchez desprecia tanto al respetable que ni aparece cuando debe. Porque no es el miedo lo que le impide dar la cara, es su soberbia, su vanidad, el estar convencido de que es Gulliver en un país de enanos.

Como estoy convencido de que cuando se mira al espejo ni siquiera él mismo se reconoce aunque lo haya hecho diez minutos antes, no se le cae la cara de vergüenza; va a lo suyo, a su palacio, a su Falcon, a sus caravanas de escoltas, a su ejército de asesores y a mantenerse en el poder a pesar de sus pactos con los antisistemas que acuna y mece en su propio… iba a decir Gobierno, pero no quiero utilizar eufemismos.Si a la falta de dignidad se une a la inmunidad personal y a las impunidades corporativas, la falta de preparación, esa tara que debiera impedir que nadie intervenga en la vida de los demás, el resultado es el que tenemos: una panda de indocumentados sin más norte que su lucro personal, disfrazados con caretas ideológicas que hacen carrera detrás de pancartas para terminar siendo ministros o el capo de todos ellos.

Que no están capacitados para proponer/arbitrar soluciones educativas, sanitarias, económicas, científicas, legislativas, a la vista está. Y si esta crisis no deja claro que para ejercer la política no vale un mindundi del montón; que la política no es un ejercicio de especulación, ni una madriguera para enchufados, ni una barra libre para disparar gastos y el que venga detrás que arree, ya me dirá si puede considerarse clase dirigente a la que opera desde el desprecio hacia los demás y lo hace desde las cloacas, ¡ah!, y si a todo esto hay que seguir llamándolo democracia. En su fuero interno ni Iván Redondo ni José Félix Tezanos ni toda la recua se atreven a hacerlo, pero ríen, ¡qué remedio, a vivir que son tres días!

Y usted a callar y a pagar: este es el precio.

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