Mentiras

Del aburrimiento se pasó a un batiburrillo de mentiras, acusaciones y 'postureos' perfectamente predefinidos por los intrépidos asesores de campaña 

No vi el debate del lunes porque preferí hacer algo más productivo: disfrutar del segundo capítulo de la octava temporada de Juego de Tronos, donde la empoderada Arya Stark ha devenido en seria candidata a sentarse en el trono de hierro. Llegado el martes, no tuve más remedio que degustar el esperpento televisivo perpetrado, digo presentado, por Ana Pastor y Vicente Vallés. Los intervinientes fueron Casado, Iglesias, Sánchez y Rivera. Me pregunto si estos cuatro candidatos de perfil cada vez más bajo que ansían ser nuestro próximo presidente del gobierno se hallarán satisfechos con el papel que interpretaron en la ópera bufa de Atresmedia.

Del aburrimiento inicial se pasó, de improviso, a un batiburrillo de mentiras, acusaciones, tesis doctorales, malos modos y postureos perfectamente predefinidos por los intrépidos asesores de campaña. En definitiva, una liza de verduleros que los medios han venido a denominar debate.

Apenas una hora antes de asistir a la mejor frase de la campaña, espetada por Albert Rivera ("¿Ya acabó usted de mentir? Ahora me toca a mí"), tuve el privilegio de leer un fragmento de una bella edición de Don Quijote de la Mancha en la Librería Bozano, de San Fernando. Coincidiendo con el Día Internacional del Libro, Bozano celebraba haber cumplido ya noventa y cinco años repartiendo libros y magia, o sea, vida, a tres generaciones de isleños. Siento este templo de la literatura gaditana como un segundo hogar; la frecuento desde mi más tierna infancia, aquella época en la que era algo más niño que ahora. Recuerdo que la primera vez que jugué con los Lego fue precisamente allí, en el cuartito que había subiendo unas escaleras, con Montse y Cristina, creo, las hijas de Paco García Barroso, heredero del fundador de la dinastía Bozano en los años veinte del siglo pasado.

Tuve mucha suerte. El texto que me tocó leer presentaba a un Quijote que explicaba el significado y origen de la caballería. El noble hidalgo nombraba con suma admiración al Amadís de Gaula, a Lanzarote del Lago y a otros honorables caballeros andantes. No sé qué pensará Andrés Trapiello, uno de los principales conocedores de Cervantes y su obra, sobre la caducidad de la definición quijotesca de la figura del caballero andante, experto en desfacer entuertos y auxiliar al necesitado. Yo no pude sino asociarlo con ese axioma que nos legaba El cantar de mío Cid: "¡Dios, qué buen vassallo! ¡si oviesse buen señor!".

Quiero creer que los cuatro candidatos andantes han leído el Quijote, si no entero, al menos por fragmentos. El quinto caballero en liza no pudo exponer su triste figura al no hacer acto de presencia ayer: me refiero, claro está, a Santiago -¡y cierra España!-Abascal. Qué gran favor le ha hecho la Junta Electoral al líder de Vox al vedarle el paso a las televisiones: le impidió mentirnos. Otros lo hacen por encima de sus posibilidades. Viendo el deplorable espectáculo televisivo de anteayer, me sentí buen vasallo, sin duda. Dicho lo cual, si hay que escuchar mentiras, que sean las de la canción homónima de Tote King, caballero andante del rap andaluz.

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