Aquí gusta mucho eso de simplificar la realidad y, ya puestos, reducir a unas siglas las causas de la decadencia y la ruina de la ciudad. Debe ser fácil, pues se viene haciendo desde que Cádiz tiene artrosis. O sea, hace 250 años, día arriba, día abajo. Así, analistas de casapuerta, gente leída y escribida, fomentan un victimismo llorón que, en el fondo, da mucha risa.

Lo de las tres ces -cadismo, cofradías y carnava- está muy manoseado y resulta ya cargante. Además, la realidad es bastante más compleja (también con la ce), Cádiz también es carca hasta históricamente: fue una de las poquísimas capitales de provincia donde en 1931 ganaron las derechas. Es criticona: aquí todos saben de todos, incluso más que uno mismo. También es conspiradora: ¡qué gusta en Cádiz una intriga en la mesa de un bar!

Es como si uno que sea, que sé yo, calvo, cojo y capricornio, o bien cabezón, cartógrafo y cinéfilo, sólo pueda ser eso y nada más que eso. Pues igual con Cádiz, que además de las tres ces es rentista, novelera, canalla, divertida, especuladora, solidaria, susceptible, exhibicionista…Ya lanzados, podríamos decir que Cádiz es la ciudad de las tres pes: playita, paseíto y pamplineo. Pero no, es todo más profundo, que también es con pe. ¡Y tanto! Aquí mucha gente lucha apenas por sobrevivir, mientras se habla de no sé qué de los cruceros; se pelea por no acabar siendo una colonia de Sevilla, mientras el debate fundamental es si sale o no la Borriquita; se lucha por no ser la criada (o el camarero) de España, mientras se practica política de altísimo nivel: "Kichi está gordo". Y así, entretenidos en este jueguecito de las letras que supuestamente nos definen, a la marca Cádiz le huelen los pies a franquismo.

Sí, aquí cualquier mustio exconcejal del paleolítico, con menos papeles que un burro robado, opina de epidemiología. Ya ves. O entusiastas arribistas, con carnet de Pelota de Primera Especial, pontifican sobre urbanismo. Y zánganos, de medio pelo de flequillo y fachaleco, compiten con tunantes sin graduación por los más altos puestos.

En fin, a veces los dioses envían moscas a las heridas que deberían curar.

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