Análisis

Ana Sofía Pérez Bustamante

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Fue Goebbels el primero en codificar los principios básicos de la propaganda. Y cuando uno los lee se da cuenta de que la manipulación del pueblo, de la gente o de la masa siempre ha sido igual. Y lo sigue siendo porque nuestra manera de procesar el entorno no ha cambiado sustancialmente. Nos movemos en primera instancia para sobrevivir al máximo peligro, y ahí arraiga la manipulación: en el miedo. 1) Principio de simplificación: individualizar al adversario en un único enemigo. (La cara humana del Sistema, o del Antisistema). 2) Método de contagio. (Cualquier persona odiosa se asimila a A o a S) 3) Principio de la contaminación: se cargan sobre el adversario las propias culpas (el S o el A es explotador, corrupto, hipócrita, vil). 4) Exageración y desfiguración: convertir en colosal cualquier minucia (Letizia ningunea a su suegra con las nietas de por medio). 5) Principio de vulgarización: el mensaje tiene que ser muy clarito hasta para el más espeso. (Que vienen los rojos a pasarnos a cuchillo; que viene Vox; que vienen los moros, o los gays). 6) Principio de orquestación: una mentira repetida hasta el infinito se convierte en verdad. (Todos los hombres son culpables, todas las mujeres son buenas). 7) Principio de renovación continua del anecdotario. 8) Principio de verosimilitud: las fuentes diversas (impagable CIS, aunque nos cobre). 9) Principio de silenciación: de lo que no interesa, no se habla. 10) Principio de trasfusión: "la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas". Odio a los sin-dios, a los indios. 11) Principio de unanimidad: convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", para que sienta que no se debe (no se puede) "desviar". Esto es lo mismo que el pensamiento único, luego reformulado como mainstream (suena mejor en inglés: como que fluye más). De vez en cuando nos ponen una historia tristísima por la tele, como la de Julen, para saturar el cupo de empatía. Somos compasivos, generosos, optimistas, esforzados, solidarios, españoles. Somos como tú. Qué alivio.

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