Mabangio fue un jugador filipino que, según recoge Epaminondas en su libro, jugó en el Cádiz. De profesión mayordomo, como lo fueron su padre, su abuelo y hasta donde él podía recordar, estaba al servicio de Amadeo, con quien llegó a Cádiz.

Amadeo, como cuenta Epaminondas, jugó de portero en el Cádiz aunque le rescindieron el contrato al poco tiempo, pero se instaló en Cádiz y autorizó a Mabangio a jugar si eso no afectaba a sus tareas.

Servicial y buen compañero, se ganó la simpatía de los jugadores, pero no la del entrenador. Y es que Mabangio, muy puntual, era el primero en llegar a los entrenamientos pero el último en abandonar el vestuario. No podía ver la ropa tan desordenada como la dejaban sus compañeros al cambiarse, y hasta que no estaba la ropa de todos bien puesta, no saltaba al campo.

Llegó el primer partido y fue convocado, pero dijo que no podría. Era un desplazamiento y había que salir por la mañana temprano y no le podía dejar el desayuno recién hecho a Amadeo. Desde el club llamaron a Amadeo y le pidieron que si ese día pudiera desayunar solo para que Mabangio jugara. Amadeo dijo que ni hablar, que cambiaran la hora del partido.

En los pocos partidos que jugó, el entrenador acababa enfadado. Mabangio era el primero en acudir si se caía algún jugador. Ya fuera de su equipo o del equipo contrario. Los rivales lo aprendieron y simulaban caídas para que Mabangio, acudiera alejándose así de su posición.

El último partido que jugó, se dio cuenta de que el balón tenía un descosido. Lo cogió con las manos y se lo llevó al árbitro para que lo cambiara. Lo cogió en su área. Penalti en contra y expulsión.

Mabangio no comprendía que le echaran del Cádiz, pero es que llevaba muy dentro su linaje de mayordomo.

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