Educación Un gaditano consigue la devolución del dinero de un máster contratado que no cumplía las expectativas

Cuando la anuncian suelo colocar las macetas en algún lugar para que sean regadas por ella. Desconozco por qué el agua del cielo las pone tan bonitas. No oí llover hasta las siete de la madrugada. Caía mansa. Seguro que luego embravece…

Me levanté con cuidado y corrí a donde escribo. No pude resistirme a abrir la ventana para oler la tierra húmeda. Trato de pensar en lo listos que nos creemos y en cuánto dependemos de ella. El chaparrón pronto pasa de largo.

La reflexión sobre su cuidado debería de estar por encima de otras noticias puntuales como los disparates de políticos enamoradizos o la improbable reelección de ese presidente dando mal ejemplo al quitarse la mascarilla. Debería de conseguir más control que el precio del petróleo. Se ve que no parece tan relevante. Algunos creemos que su seguimiento es tan importante como los estudios sobre la expansión del virus, antes de que, como ha pasado con él, se acuda demasiado tarde.

Los pueblos siempre conocieron su necesidad y los efectos de limpieza de la lluvia sobre las suciedades del aire.

El agua potable, de cuya abundancia muy pocas comunidades pueden llegar a presumir, es la gran riqueza. Cada vez escasea más. Leí hace apenas un mes que la almacenada en el subsuelo de la Sierra de Grazalema estaba contaminada por glifosfatos. Al parecer un estudio encargado por Ecologistas en Acción y llevado a cabo por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca, y Desarrollo Sostenible lo reafirman. Por si alguien no lo recuerda, los glifosfatos son herbicidas usados para eliminar hierbas y arbustos perennes. Si no fueran cancerígenos (según la OMS), serían un excelente aliado de los agricultores. Pero es que permanecen y ese es el problema. Que hay numerosas fuentes naturales en la Sierra afectadas.

Otras empresas de aguas andaluzas han sido vendidas a multinacionales. El gobierno debería impedir su venta porque, repito, el agua es imprescindible para que pueda continuar la vida. Su escasez nos obligaría a emigrar. A buscarla para sobrevivir. Quienes posean su control, nos tendrán a su merced y eso, sí que sería patético.

¿Qué mundo dejaremos a los pequeños?

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