Se acabó el año Cervantes. Militar y escritor, como Garcilaso. Recaudador y cristiano, como San Mateo. No creo que el año entrante sea el año Campoamor o el año Gironella. No están las habas para alimentar asnos, (Numquid non ut pasceret asinos fabam, Cicerón), y el tiempo es cíclico y la literatura es también responsable del efecto invernadero. ¿Tan mala es? Dicen que no. Pero el tiempo que es noria de modas y desafueros, trae y deja constancia de cíclicas resoluciones, impone abstractos analfabetos, dispone entierro de los cultos. Con el abuso de las redes sociales, con la falta de lecturas, con la miríada de autoediciones, como la menina del melenón o sosa de minufrá y varios más, se está llegando a síntomas clarísimos de polución intelectual.

Me explico: la suma de pensamientos mediocres en busca de su minuto de gloria, pervierten el sentido de toda la cultura de los millones de individuos que componemos una sociedad. Esa maraña de ideas contamina más que el chapapote o las centrales nucleares. Un movimiento extremo nacido en la América más profunda niega que un blanco pueda escribir sobre negros, al no ser de esa etnia, (al fuck Faulkner), que cualquier historia narrada desde una raza o costumbre de la misma, esté prohibida. Por lo que, siguiendo con moros y negros, a la porra Shakespeare, Virginia Wolf que escribió una novela desde el punto de vista de un perro, Cervantes con su Coloquio de los mismos, Juan Ramón con Platero, la mula Francis, Lorca con el Romancero Gitano, o George Borrow, quien "choró e plastañi Bíblica" el Evangelio de San Lucas. O un Lazarillo que era pez.

Toda la literatura tachada por la moda de llamar apropiación cultural a esa incursión en un mundo distinto al del escritor. Si a eso le unimos las teorías de empezar in media res, o la que postuló que el escritor no tenía que describir el teatro y escenario de su historia, porque coartaba la imaginación del lector. ¿Quién era escritor, entonces? Ellos los "talibancitos tontos del fuck o de la pepitilla", que dispondrán las reglas para erigirse en algo sólo ellos. Me suena a postura nacionalista, a ismos demasiado conocidos, de gente que en democracia quieren mutilar la democracia.

Si a todo esto le añadimos la terrible sospecha del extremismo, tanto de izquierdas como de derecha, quienes desde siempre se han erigido en guardianes de esencias culturales, censores de pitiminí, para dictaminar quién, cómo y qué debe escribirse… Trama, nudo, desenlace y todo lo demás según dicten, omnisciencia incluida.

Sin embargo por qué siguen empleando tópicos agotados, catacrésicos, geminados hasta la náusea, exetistas neológicos de ritmo y ná… Esto é serear la pendaripen, más o menos así: "No quiero abaratar literatura/ El ritmo muerto sin color ni escena/ Aliterados ecos de impostura/ Botox relleno con caducadas cremas. /No inquietaré ni elipsis ni figuras. /

Ni me encabalgaré sobre los temas. / Y no impondré ni ritmos ni fonemas /Como piel de hemistiquios o cesuras. / Fingir literatura, densa y muerta/Rimar infinitivos todavía/Maquillaje de tópicos a espuertas. /En lentos harakiris meditados/Amagos de belleza ya sin vida…/Remedos de más Lorcas que Machados. /

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