Análisis

Ana Sofía Pérez Bustamante

Libertad, libertad

El 8 de enero volveré a ser libre; sólo me queda cumplir todos mis propósitos de vida sana

Buf, ya solo me falta un día para volver a mi trabajo habitual y ser lo que se dice libre. Porque desde el 22 de diciembre no he hecho más que mirar, pensar, buscar, llamar por el móvil para preguntar tallas, wasapear imágenes de productos, comprar, envolver, regalar, descambiar, poner la mesa, decorar, guisar, dar de comer, dar conversación, sobre todo escuchar conversación, recoger y limpiar. Lo de comer no tiene remedio porque somos familia numerosa y nos contamos por bocas (las almas vienen luego). Últimamente, los Reyes Magos nos ponen gente: más bocas. Lo de comprar lo podría haber ido haciendo gradualmente, pero como Kichi no me puso las luces de Navidad hasta el 23, no se me activó a tiempo el chip de consumir. Por lo demás, la iluminación de este año me ha parecido muy austera, pero estilosa (¿sabían ustedes que los árboles cónicos de luces son made in Spain?).

La Cabalgata del 5, bien. La gente que desfila disfrazada entre carrozas va aprendiendo a hacer algo juntos y a la vez, para que sean los espectadores los que asistan al espectáculo y no al revés (antiguamente los desfilantes desfilaban como peces, y lo que mejor hacían era saludar a los amigos y romper filas). Los reyes este año tiraban incluso balones. Un amigo de mi hijo cogió uno, de casualidad, y va y lo suelta para que lo cojan unos niños. Estupor. Consternación. ¿Qué pasó por la mente de Juan? ¿Filantropía? ¿Madurez? ¿Exceso de formación universitaria? Yo creo que el secreto es que Juan no es de Cádiz: es de Murcia. Murcia, lejana y uniprovincial, es un misterio.

A mí las navidades me han cundido. He aprendido a jugar al trivial on-line y he ganado 0,58 euros. Con este capital, el 8 de enero volveré a ser libre. Sólo me queda cumplir todos mis propósitos de vida sana. Tengo tenis nuevos, nueva sudadera, almohada masajeadora, fotocopia de dieta por cortesía del endocrino, propfamilia intrusiva y pendiente. Se ve un poco feo admitirlo, pero creo que me asusta no sé si tanta virtud, o tanto sacrificio, o tanta libertad. O tanta vida por delante para hacer uso del carril bici.

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