En la tertulia de Nueva Bahía, Verónica y Luis quieren que algunas tertulias tengan un hilo cofrade. Por ello el martes por la tarde se habló de las leyendas locales sobre Cristos y Vírgenes. En la tertulia incrementada estuvo un nuevo miembro Ruiz Alonso, amén del presidente JC Carrillo, el profesor Vázquez Bermúdez, Santos Malo el neouniversitario, Ignacio de Salas, que también pinta pasionariamente, y varios más que sin sentarse atienden. José Luis López cuenta que en Jerez, la Virgen de la Merced, morenita, posee la leyenda de haber sido hallada en un horno de pan.

Vázquez Bermúdez habla de la leyenda de nuestro Nazareno, encontrado en el Mesón del Duque, el mesón que en el mapa de Fray Gerónimo de la Concepción, figura como Benta (sic), con el abandono en un baúl perteneciente a unos genoveses en tránsito por el Logar de la Puente.

Otro recuerda, antes de que acuda Rodríguez Pájaro, los Medinaceli siempre rescatados de moros y quemados por lo que tienen la tez muy oscura. La leyenda del Medinaceli madrileño rescatado de la Mámora marroquí, por el que Muley pidiera su peso en oro, y que al someter a la romana la imagen, sólo pesaba las treinta monedas que pagó Judas.

Santos, recuerda la piadosa leyenda del Santo Cristo de la Vera Cruz, que cuenta como la imagen del Santo Cristo de la Vera Cruz fue hallada entre los restos de un naufragio en el litoral de la Isla de León, concretamente en la playa de la Casería o, según otros autores, en la zona del caño de Herrera o de la hacienda de Fadricas.

Entonces intervengo. Hablo del Cristo del Perdón, tallado por Antonio Bey Olvera, -va por ti Rafa Olvera-, en unas maderas extraídas del Arsenal de la Carraca. La cofradía se fundó con intervención de militares, y según cuentan se talló sobre viga de madera procedente de la demolición del Penal de la Casería. Juan García Cubillana amigo del gran pintor Pepiño oyó comentar la dificultad que tenía el escultor para la talla de los brazos en la posición que quería. Cubillana que practicaba anillas en sus entrenamientos deportivos, se ofreció a posar. La anécdota es que tan resuelto estuvo el escultor que no esperó para abocetar y comenzó a tallar. Juan Cubillana estaba en las anillas. Haciendo el Cristo. Tan emocionado anduvo Bey tallando que se olvidó del amigo colgado en las anillas. Hoy que el doctor Cubillana es muy mayor, deja la talla de sus brazos en un Cristo de los más queridos en la ciudad.

Rodriguez Pájaro al final, cuando vino, dijo que él era calvinista y que pa qué hablábamos de la Semana Santa. Y Juan Carlos Carrillo dijo amén.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios