Puente de Ureña

Lágrimas en la niebla

Una ciudad como esta Isla que sólo sabe de flamenco y cocineros, estrellas rutilantes, en un país que siempre tuvo hambre, anda mal

La España convulsa. Sí. Esa es la que interesa. Para tener ocupados a todos y a todas como dicen ellos, dividirlos y sacarles la bilis negra, fluido de la maldad humana y uva de la ira. Los políticos que pierden de vista la realidad de la calle, dependen de los partidos, la llamada voluntad del partido, antes que de usted y hay que seguirla a rajatabla. Eso que llaman disciplina colectiva. Así nos va. La libertad es esa ducha llena de agujeros por donde se escapa el agua. Así se consigue que en esas disciplinas sibilinas prosperen los mediocres. Por supuesto que sí hay algún inteligente en los partidos, la mejor opción que tiene es no mostrar su inteligencia. Refugiándose entonces entre los anodinos gregarios que copan su ideología. Es esa niebla confusa que calla y otorga desde las estructuras de todos los partidos políticos que tenemos y de los que vendrán.

¿Les cuento cómo crecen los mediocres y las mediocras? Ingreso en las juventudes del partido. Cuando alcanzan la licenciatura o la mayoría de edad, pasan a las candidaturas electorales de los municipios, junto con los amiguetes del cabeza de lista, desde donde sí son obedientes hasta los dientes pasarán a las diputaciones, autonomías y senado. Según, hayan aplaudido con más o menos fervor al director de órdenes de la cúpula verticalísima.

Así nos va. Como un sindicato vertical. O te sometes o a la calle. Y en las polémicas, como en toda batalla, hazte el muerto. Esa es la libertad dictatorial de las cúpulas democráticas desde la A a la Z de todas las fuerzas políticas.

No me extraña ahora que la pandemia sea incontrolable, que las mentiras sean moneda de cambio común, que la sanidad esté fallando, no consigues una llamada de médico de atención primaria ni soñándolo, el paro aumentando, la economía dependiente de los que arriba, que acatan decisiones impuestas por la Unión Europea y por el más allá. Mientras la gente abajo se pelea, se crispa, se enmascara o no sale, porque quiere vivir como hace nada de tiempo.

Una ciudad como esta Isla que sólo sabe de flamenco y cocineros, estrellas rutilantes, en un país que siempre tuvo hambre, anda mal. Un país que ha perdido el circo. El pan y el circo. Que está siendo medido con recortes de todos los derechos adquiridos durante cuarenta años y que lo aguanta todo, y al que le venderán que una neoconstitución más restrictiva será mejor, anda peor que en los mejores tiempos de la dictadura.

¿Quién sabe hablar en serio de literatura, filosofía o matemáticas? ¿De ideologías y Ciencias políticas? Nadie. Pero el mal adoctrinamiento engendra odio. Y así fue como la masa se le fue de las manos a Ortega y Marañón en la España redenta. La libertad siempre tuvo condenas y cadenas. Y la corrupción de la cúpula progresista mutila la verdad.

Lorca, el poeta con fosa eterna, definió la libertad en su Oda a Walt Whitman: puede el hombre, si quiere, conducir su deseo/ por vena de coral o celeste desnudo. Mañana los amores serán rocas y el tiempo/ una brisa que viene dormida por las ramas. Ya saben los que mandan cómo mandan. Lo demás viento triste.

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