Balas de plata

Julia Medina

Ella ha ganado porque ha sabido llevarse a su estilo cualquier tema y ha sabido emocionar

En los casi tres años que han pasado desde que conocí a Julia Medina, he asistido al crecimiento artístico de la joven isleña con entusiasmo. Creo tener el honor de haber sido el primero que la entrevistó para el magazine La Isla Oculta, poco después de haber cantado junto a Saurom en conciertos tan emblemáticos para la banda de San Fernando como los del Teatro de las Cortes y el de la Sala Riviera de Madrid. Releyendo aquel texto titulado "El hada de la Isla", compruebo que tenía razón cuando concluía que Julia sería feliz toda su vida porque es la música lo que le otorgaba la felicidad. El hecho de haber sido finalista del concurso de talentos que es Operación Triunfo es algo meramente anecdótico para la misma voz aterciopelada y llena de matices que fue descartada en "Tú sí que vales" en 2012: Julia Medina debe haber firmado ya un contrato con alguna de las discográficas top del país y si no lo ha hecho, poco le faltará. Su paso por el programa televisivo ha sido intachable, demostrando que aparte de ser una bella persona, es una cantante cada vez más sobresaliente.

Curiosamente, las actuaciones que más me sorprendieron de Julia fueron aquellas en las que pensé que sufriría; esas en las que había de explotar su lado más sexy o las que requerían de ella un baile vigoroso o una interpretación más acusada. Sentarse en una silla alta con tu guitarra es una cosa pero versionar a Lady Gaga con solvencia es otra. Julia Medina ha sobrepasado las expectativas con creces, recibiendo alabanzas de gente como Rozalén, Niña Pastori, Marta Soto, Manuel Carrasco o el mismísimo Alejandro Sanz, a la búsqueda siempre de apadrinar talento, quien le dedicó un cariñoso tuit.

Lo reconozco, esta es la única vez que he visto OT en mi vida y si lo he hecho ha sido por la hija de José Antonio Medina y Maribel Martín, la misma chica tímida que ha sufrido problemas de voz e inseguridades, y que acabó siendo el alma de una fiesta que estaba predestinada a ganar perdiéndola. Porque, sí, no nos engañemos, Julia Medina estaba incapacitada para ganar OT. No por ser peor que nadie, en absoluto, sino porque un programa en el que se elige al ganador mediante votaciones iniciadas una semana antes de producirse la actuación en la final ha de carecer de cualquier tipo de importancia. Imagino, como lo hará Ana Torroja, quién habrá votado masivamente a Famous, visualizado como vencedor del concurso desde el Día Uno.

Pero, como decía, eso a Julia Medina debe darle igual porque ella ha ganado. Y lo ha hecho porque ha sabido llevarse a su estilo cualquier tema que con mayor o menor inquina le han asignado; porque ha sabido emocionar a todos los televidentes, incluso a aquellos que jamás la votarían. Julia Medina sigue siendo el hada de la Isla años después, pero aquella jovencita apocada que versionaba el "Vida" de Saurom ha madurado brillantemente. Su límite, ahora, es el cielo.

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