Ya de nuevo me han limpiado los cristales de este mi cierro que durante unos días con tanta humedad y polvo pegados no me dejaban ver. Pero ya estoy de nuevo aquí volviendo a contar lo que me imagino y leo o lo que ya puedo ver.

Y aquí estamos en un lugar y en el otro esperando el tranvía. Porque además el actual Delegado de la asusanada Junta, responsable de estos desmanes, decía en este Diario el pasado viernes que ya ese eterno fantasma está a punto de arrancar. Y cuántos años hace, mi memorizado lector, que venimos oyendo y leyendo lo mismo. Una aislada Isla y una Chiclana más protegida y respaldada. Dos ciudades gobernadas por el mismo "susanismo" pero con diferentes actitudes y respaldos motivados por la propia Junta de Andalucía, aunque también sigue sin tranvía.

Por otro lado, es interesante lo que dice de La Isla la secretaria general del partido Popular isleño en el "Andalucía Información", explicando que el tranvía y el centro de salud de Camposoto ilustran a la perfección el desprecio del Gobierno socialista por la ciudad. Y además remarca que el gobierno del pesoe es el gobierno de los recortes, en materia educativa, sanitaria y social. Añadiendo también que lo que necesitamos es un gobierno que solucione problemas, que no los cree, un Gobierno, en definitiva, que dé buenas noticias para San Fernando; concluyendo que el programa del PP es garantía de cambio, garantía de nuevas y mejores oportunidades y de igualdad.

Dos ciudades como verdaderas primas hermanas que no se parecen mucho. Una Isla "encamaronada" o una Chiclana últimamente "enquiñodeada"-un escritor que me gusta y que se ha puesto muy de moda-.

Además, es curioso también que, mientras trato de ir redactando todo este tinglado, ahí muy cerca de este mi cierro chiclanero, se encuentran en las grandes bodegas de Vélez, Pedrito Sánchez -ese actual presidente por chamba- y la Susana Díaz. Ahí están mitineando ya en plena campaña electoral sobre lo bien que se está haciendo y lo mejor que lo van a hacer. Y una mierda.

Pero todo este cachondeo y desastre que está ocurriendo en estas nuestras dos ciudades y más aún en el resto de este pobre país, me recuerda aquello que una vez leí respecto a los follones que también se dieron aquí en aquella época romántica. Una situación conflictiva en la que se enfrentaban románticos frente a aquellos que seguían aceptando la tradición del siglo de Oro. Que, como ilustrados, tenían que admitir los principios del siglo XVIII, con cuyas formas literarias y de gobierno disentían. Un país en crisis tan parecido a lo que hay ahora. Y sin remedio, por ahora.

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