El pinsapar

Ir a Chiclana

No debemos olvidar esos días malos ni tantas mentiras, de principio a fin

Cuando leí ayer el magnífico reportaje de Arturo Rivera en estas páginas sobre el final del túnel de mentiras e incompetencias que ha venido siendo la principal obra pública en esta ciudad y comarca -el tranvía metropolitano de Chiclana a Cádiz-, me llegó el infinitivo 'ir' a la mente, 'ir a Chiclana'. Sé que se suele emplear en ocasiones el infinitivo como imperativo, de tal modo que 'id a Chiclana' se dice 'ir', pero no, yo quise decir 'ir' porque en Chiclana vive mi hermano Pedro, que yo adoro, y también mi amigo el poeta lírico y novelista Amaya Zulueta, y trabaja Juanjo Téllez, muchos amigos muy queridos están en ese espacio junto al Iro. Y hay un lugar donde los churros son magníficos, y no sé cuántos atractivos más. Ir, pues, es una forma del deseo más que una orden o sugerencia impetuosa, que no lo es. Lo que viene a suponer el olvido de los días malos de una enfermedad cuando aparece por el horizonte la salud que se recobra. Pero no, no debemos olvidar esos días malos ni tantas mentiras, de principio a fin. Y mantener la reserva moral frente a quienes, como Fernando López Gil, nos mintió. La mentira es fea siempre pero la de un personaje público, debería ser un delito. Cuya pena fuera la inhabilitación. De ahí la exasperación cuando, en vez de inhabilitarlo, lo ascendieron en la orgánica de la Junta y ahora nuestra alcaldesa lo ha "recogido" en los cargos de libre designación política. ¿Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra? Sea. Sobre todo ahora que han aflojado y anuncian que “antes del verano” tendremos tranvía regular, a las horas convenidas. Antes del verano es un compromiso, tantos años después, visto lo visto, leído lo leído. La actual administración autonómica, responsable exclusivo de esta obra pública, es la que adquiere el compromiso. Antes del verano. Ir a Chiclana será, de cumplirse, la culminación de algo verdaderamente inexplicable en términos de eficiencia política y administrativa y de gestión de los socialistas andaluces. Al fondo están los churros, pues. O los caracoles (Pedro sabe un sitio en donde, bueno, no los hay mejores). El encuentro con los amigos, los buenos amigos, que también son los seres queridos. Queda pues que desde aquí se diga a los vecinos de Chiclana las muchas cosas buenas que la Isla tiene a disposición del que lo desee. Digo museos, comercios, terrazas agradables desde un extremo a otro de la calle Real, qué sé yo. Para que el tranvía de Chiclana a Cádiz, por la calle Real, venga lleno de la ciudad del río a la Isla. Cádiz, estación ‘termini’, ya sabemos todos dónde está, cómo es y lo que ofrece. Ir a Chiclana, por favor, no nos volváis a mentir.

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