Insúltame, facha, pero hazlo duro, con un movimiento sexy. Dime cosas sucias, de esas que me ponen, llámame Vicepresidente y lámeme la coleta. Sé Tania, sé Irene. Dame tu pendrive que te lo guardo unos mesecitos, no te agobies. Sé lo que hago. Yo te lo escondo en un pichón (a baja temperatura) y gano Master Chef, aunque sea el Junior. Es normal que me insultes y que yo te insulte a ti, que para eso eres periodista, neo-enemigo del político y destructor de la verdad. Pero véjame bien, naturalízalo. Hazlo con estilo, con flow, lleva tu bilis (amarilla, claro) a la dance floor, saca tu colmillo retorcido a pasear. Aprendimos la lección, ¿me oyes? Si me criticas te señalo públicamente, si me atacas, te escracho. Me da igual que te llames Herman, Eduardo, Iñaki o Vicente. Te reviento. Que para eso tengo mis afiladas hordas afinadas y preparadas, esa progrejauría que contrarresta la Cayetanía derechera y, sobre ellas a los Nazgul podemitas: Echeniqueitor y Monederus.

Ellos naturalizan e insultan con denuedo: señalan certeramente y el ejército morado ataca. Así que nada, ya lo sabes: llámame Chepas, llámame Sauron. El anillo único lo tiene Pedro, pero por poco tiempo. Sabes de sobra que soy el señor del embudo. Mi ley es flexible, portátil. Me dan igual los jueces inquietos, los pedrojotas de extrarradio y las críticas internas. Os insulto, os insultan. Errejones de mierda, bescansas de chichinabo, unas teresitas del niño Jesús de Galapagar. No pudisteis conmigo como tampoco lo hicieron Rajoy, Rivera, Abascal o Vallecas. Insúltame y te insulto, cabronazo, cántame una de Tarantino —di qué, te desafío—, atrévete a ponerme nervioso, llévame con Évole a una cafetería con Arrimadas. Call me casta hasta que sangre, my love.

Tú verás. ¿Me explico? Allá tú. El CNI me espera con las villarejas abiertas. Hurgaré en tu pasado y encontraré algo o lo difundiré o lo destruiré parcialmente. Da lo mismo. Y si me criticas, es más, si el imbécil que escribe esta hez de "columna" osa criticarme y tú lo retuiteas, no necesitaré ponerte en la lista negra porque mi lista negra tendrá tu cara de periodista maledicente impresa en la página eme de mindundi. ¿Tuviste ya cojones? ¿Me has faltado al respeto o sigues hundido en la tibieza? Lo suponía. Cero Zapatero. Hay que insultar más y mejor, te libera. Naturalízate. Es mejor que ir al spa a mojarse los pinreles. Te levantas por la mañana, haces una ruedecita de prensa, le sueltas un par de epítetos poligoneros al reportero de turno, recoges vítores y aplausos y te sientes rejuvenecer. Perdona, Ana, pero Ferreras me quiere a mí. La prensa no tiene libertad, pertenece al pueblo. ¿Críticas a mí? Sé útil al Estado, al partido y brilla cual lámpara de Aladina. Lo bien que sienta hacer periodismo en el bando correcto, ¿eh? Así que insúltame fuerte, pero hazlo bien, con arte. Sé mi Rufián, mi Girauta. Sé tu líder supremo.

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