Análisis

PANDEMIA Manuel barea 26

Infectados de baja política

Ya sé que todo es política. Eso dicen, que nada ni nadie puede desembarazarnos de ella y menos que nadie nosotros mismos podemos despegárnosla por mucho que lo intentemos, tal es su poder de adherencia. Y tantas veces tan desagradablemente pegajosa. No, no hay manera, que si el hombre es un animal político y toda esa cháchara al respecto para defender o justificar su influencia en cada uno de nuestros actos. Así será si así lo dicen. Y parece que sí, que está quedando demostrado estos días, hasta diría uno que empieza a quedar demostrado incluso más que en otros momentos menos desapacibles, aunque lo no percibe más bien una política -o sería más correcto decir una acción política- de baja estofa. Hay demasiados ejemplos. Pero hay muchos más muertos. Y bastantes más enfermos. A su alrededor, la bronca.

Ésta, sostienen sus protagonistas, sus valedores -viven de ella-, viene motivada precisamente por el interés que afirman tener por solucionar cuanto antes la crisis con el menor número de víctimas posibles (van a esta hora 15.238 muertos), cada cual desde su posición. Cada vez más inalterable.

Esa cifra, incluso cuando era bastante más baja, ya debería ser un pretexto poderoso para la unidad. No lo parece. Es desesperanzador, es frustrante escribir estas líneas con la sensación de que ni en estas circunstancias pertenece uno a un país cuyos dirigentes -el Gobierno el primero, la oposición después, y a continuación todos los ejecutivos regionales y sus respectivas oposiciones, los alcaldes y todas las corporaciones municipales; es decir, todos los partidos- son capaces de dejar a un lado sus piques, por decirlo de una manera coloquial y suave, aparcarlos por unos meses y trabajar juntos por sacar cuanto antes de esta mierda a sus administrados, a quienes los votan y a quienes no. En esta ciudad en la que estoy censado y resido y trabajo, Sevilla, siguen a la gresca -pues nunca han dejado de estarlo, ni siquiera ahora, y afirmo que nunca han tenido la intención de ni siquiera intentarlo por mucho que lo juren- el partido que gobierna el Ayuntamiento y la oposición. Y el ejemplo de lo que ocurre en esta ciudad está tan extendido como la pandemia, entre otras razones porque no es cuestión que se limite a quienes dirigen y controlan los partidos. Estos tienen sus seguidores más fanáticos -¿acaso podrían existir sin ellos?-, correligionarios que se creen sin rubor y sin ponerlo en curentena lo que les inyectan sus líderes: y así con una seguridad rotunda, presumiendo de una certeza infalible, oímos que el Gobierno lo está haciendo muy bien o lo está haciendo fatal, según; o la razón la lleva Sánchez; no, la tiene Casado; no Abascal, incluso si llama genocida al presidente; y también, si están aquejados de paranoia nacionalista, los oímos jalear a su president por rechazar la ayuda del Ejército y de la Guardia Civil. Con 3.148 muertos.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios