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Análisis

gumersindo ruiz

Inclusión financiera y Estado de bienestar

La semana pasada nuestra compañera Carmen Pérez, en un interesante artículo a propósito de un libro del profesor Juan Torres, trataba el tema de la renta básica, o dinero mínimo que todo el mundo debería tener para integrarse socialmente. Se mostraba en contra de esa renta, y defendía que empleos dignos y buenos servicios sociales es lo mejor para el bienestar de los que muy poco o nada tienen. Estoy de acuerdo con ella, pues como dice Martin Wolf, "el Estado de bienestar es una hucha para toda la vida"; pero añado algo más, la aportación de las empresas creando un excedente social con su actividad.

Veamos un caso. Entre la abundante legislación que el Gobierno intenta sacar adelante -permiso de paternidad, cotización a la seguridad social, regulación de alquileres, salvaguardas a empresas ante el Brexit-, las cuentas de pagos básica están en una directiva de la Unión Europea, que pretende que nadie quede excluido de algo tan necesario como operar con una cuenta corriente. En España esto no ha sido un problema porque las cajas de ahorros, cooperativas de crédito, y bancos, la ofrecían a todo el mundo, y sin comisiones, o bajísimas para un servicio tan complejo. Nos resulta normal ingresar dinero y disponer de él con toda seguridad, transferirlo y cargar recibos, pero cuando el Parlamento Europeo aprueba esta directiva -con otras seis financieras, el 15 de abril de 2014, antes de disolverse para las elecciones-, pensaba en países donde había realmente dificultades para abrirse una cuenta. En otros, como Gran Bretaña, con la desaparición de los bancos hipotecarios, hubo un problema grave de acceso a servicios financieros elementales; y en Estados Unidos, el libro de Lisa Servon, America sin banca: cómo la nueva clase media sobrevive, es una descripción de la exclusión financiera, que aprovechan las nuevas empresas de servicios financieros, no bancarias.

Lo que consideramos normal en España ha sido posible porque la banca ha invertido durante muchos años en tecnología para proporcionar un servicio de medios de pago de forma segura y a un coste muy bajo. Además, se invierte en sistemas para impedir el robo de datos, blanqueo de dinero y la financiación de actividades ilegales, creando un entorno que favorece la igualdad entre empresas al dificultar la evasión fiscal, lo que se consigue haciendo desaparecer las transacciones con dinero metálico. Hay algo en la ley que resulta quizás excesivo, y es la gratuidad total de las cuentas para rentas individuales inferiores a 12.908 euros, pues es algo que tiene un valor y un coste; sólo hay que pensar en que si pudiéramos trabajar directamente en medios de pago con el banco central, a través de un sistema tipo blockchain, sin bancos, nunca sería gratuito, pues actualmente el banco central carga un 0,4% por los depósitos. Se da paradoja de que un servicio que podría ser público se presta de manera privada, en condiciones técnicas inmejorables y, además, gratis o a un precio muy reducido. A esto nos referíamos al principio, a la creación de un excedente social que sale de una actividad empresarial y que, sin duda, contribuye y se añade a lo que llamamos Estado de bienestar.

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