Hay gente que se esconde detrás de sus causas para evitar la vida y quizá sus propias vergüenzas. Lo que no se ve tras la máscara nos lo descubren las redes sociales, las televisiones y los libelos como género literario difundidos en portadas de panfletos estomacales. Muchas tabletas del afamado ‘Calmante Vitaminado’ medicamento que durante décadas consiguió posicionarse como el analgésico más popular en España, se diluirían como un azucarillo ante tanta gilipollez y zafiedad que nos está trayendo, además de muertos, esta maldita pandemia. La memoria es el escribano del alma, que nos diría Aristóteles, y a pocos se nos van a olvidar esos miserables que intentan sacar rédito político de tanta desgracia. La lengua se les tenía que volver de trapo.

En el ágora, los ciudadanos atenienses y los espartanos discutían y resolvían sus asuntos políticos, sociales, culturales y de toda índole, incluso los relativos a la justicia con normalidad autoimpuesta. Quien no se comprometía y únicamente se ocupaba de lo suyo, era mal visto. A este tipo de personajes es a los que llamaban idiotas precisamente porque no se ocupaban de los asuntos públicos, sino más bien de sus cuestiones particulares.

En El Puerto, desde que comenzó el prudente estado de alarma impuesto en el Real Decreto emitido por el gobierno de la nación a consecuencia de la crisis sanitaria que estamos padeciendo, han ido apareciendo como ratas detrás de un flautista de Hamelin con cara de coquina playera, una importante colonia de idiotas que, además de saltarse las normas impuestas, ellos mismos se ponen en peligro de contagio y ya de paso nos acojonan a los que permanecemos encerrados en casa desde el día D y la hora H algunos, por desgracia, como en el camarote de los hermanos Marx. Y mira que se han puesto controles y se ha avisado por activa y por pasiva, pero ni por esas. Valdelagrana y otros rincones de nuestra costa es fiel ejemplo de lo que digo. Ahora que sabemos donde están esos irresponsables, apóstense las autoridades en los lugares convenientes para cuando decidan partir a sus residencias habituales les regalen la i de idiotas con su papeleta correspondiente.

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