Muere Jesús Quintero Cuando una chirigota del Carnaval de Cádiz se disfrazó del Loco de la Colina

Hay que ver cómo en lo musical nos sacan los colores nuestros vecinos europeos.

Sucede cada vez que El día del Señor, sí, la misa de los domingos en La 2, viaja fuera de España. La última en la festividad de Todos los Santos, cuando la eucaristía se emitió desde Diskmiude, un pueblecito de Bélgica con poco más de 15.000 habitantes.

La parte musical de esa ceremonia religiosa volvió a ser un prodigio. Al coro amplio, potente y bien empastado se unió un pianista instalado a pie de altar mayor, que hacía más grandes cada una de las piezas elegidas. Más tarde se incorporó un saxofonista. Un pequeño asombro.

Mientras tanto, en nuestro país, priman los guitarreros. Ay, cómo es esta plaga que uniformiza con su ritmo cansino cualquiera de las canciones que se le ponga por delante. En cuanto empieza la celebración religiosa y escuchas cómo rasgan sus guitarras, tracatracatra tracatra, te temes lo peor. Otra sesión con aromas a colegio de monjas de otros tiempos algo lejanos. Con lo importante que es la música en cualquier celebración que se precie.

En un pueblecito de Bélgica, como sucedió en otras pequeñas ciudades suizas o francesas desde las que tuvimos el privilegio de asistir a las misas de Navidad o del 15 de agosto gracias a Eurovisión, hemos comprobado cuán importante es cuidar el detalle en la parte musical. Qué pena que a lo largo del año sean tan escasas las citas en las que la Unión Europea de Radiodifusión nos regale estos viajes 'eucarísticos'. Es otra forma de conocer el alma de los pueblos. Desde el corazón de la liturgia. Por sus formas de ilustrar las páginas musicales en las celebraciones les conoceréis.

Europa. Tan cerca y tan lejos. Como queda demostrado en detalles aparentemente tan baladíes como este. Que de baladí creo no tiene nada. Y si me apuran, de católico tampoco. Dice sobre la cultura global.

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